La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Una prueba de falta de libertad para expresarse

Con su comentario coincidente sobre la pitada al himno de España en presencia del Rey, los deportistas Xavi Hernández y Marc Gasol, más que hacer el ridículo, han demostrado que en su tierra de origen, Cataluña, no existe libertad de expresión para que gente como ellos se pronuncie con naturalidad sobre una ofensa arbitraria a un signo de identidad de una inmensa mayoría de españoles. El futbolista Xavi Hernández salió con la simpleza de que fue una pitada espectacular, pero estamos en democracia, hay libertad de expresión; deberíamos pensar en la causa de los pitos, preguntarse el porqué en vez de sancionar  y el baloncestista Marc Gasol le secundó en el pretexto de la causa y además añadió que estamos en Cataluña y quiero que se vote. Si estuviéramos hablando del ayuntamiento de Badajoz, diría lo mismo. La gente de Badajoz tendría que votar para saber su futuro, al menos para saber cómo piensa la gente de Badajoz. Gasol debe de ignorar que en España se vota y que las convocatorias están reguladas por la ley desde la Constitución hacia abajo.

La pitada al himno nacional es un desprecio y una ofensa a quienes se sienten representados por ese himno y aunque una sentencia de la Audiencia Nacional entienda que puede entrar en el ámbito de la libertad de expresión, no existe jurisprudencia del Tribunal Constitucional ni del Tribunal Supremo que homologue ese criterio. Pero, en todo caso, se trata de una agresión que rompe la convivencia, y esto es algo que puede entender todo el mundo, incluidos los autores de la pitada, que no tolerarían semejante afrenta a los símbolos de sus respectivas comunidades autónomas ni siquiera a la bandera de su pueblo. ¿Tan difícil es entender esto? Yo creo que no. Pero sí es difícil expresarlo cuando en el ambiente social se ha creado una costra ideológica que impide el pensamiento libre e impone lo que en ese momento se ha establecido como políticamente correcto.

Si Xavi Hernández no hubiera nacido en Tarrasa, a 20 kilómetros de Barcelona, y jugara en un club andaluz, no sería tan exquisito para evitar arriesgarse. Y Marc Gasol, aun habiendo nacido en Barcelona, nunca apelaría a la libertad de expresión para justificar una pitada al himno nacional de Estados Unidos, donde juega como profesional. En Cataluña y con respecto a Cataluña, se frenan e inventan borrosas tesis (por llamarlas de alguna manera). Con sus palabras muestran que no están resueltos a indisponerse con el mensaje nacionalista y de desprecio a España que despliegan a los cuatro vientos los promotores de la locura política independentista con Artur Mas a la cabeza.

Ni un solo deportista implicado en la Cataluña oficial se ha aventurado a rechazar la pitada al himno nacional como un despropósito vejatorio, ni tampoco otras gentes que defienden e imponen el culto a sus símbolos regionales. Cuando la presión política y social afecta a la libertad de expresión, y en consecuencia la acorta y la limita, pronunciarse libremente es de arriesgados o de foráneos. En este segundo capítulo entra Johan Cruyff, afincado en Barcelona pero holandés y conocedor de mundo, que ha dicho lo que tanta gente piensa desde el sentido común: “Pitar el himno es una desgracia total y una falta de respeto. A uno que pita el himno le falta un tornillo”. El mismo tornillo que a esos responsables (es un decir) del fútbol y de la política que se han alegrado con una ofensa infundada a toda una nación, una ofensa que otras democracias más consolidas que la nuestra no se resignan a soportar.