Premio que atenta contra una profesión

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Hoy, el Gobierno venezolano brinda un nuevo testimonio de lo que entiende como periodismo. Una vez más se violenta el verdadero significado de una profesión que debe mantenerse lejos del servilismo y de la falsificación de los hechos. Al otorgarse el Premio Nacional de Periodismo no se reconoce la capacidad investigadora ni la veracidad sino la labor de aquellos que no molestan al régimen y que han hecho de su trabajo un medio de propaganda, es decir se recompensa la labor periodística que facilita  a un grupo a mantenerse en el poder.

Revisando la lista de premiados, ganan aquellos que se encuentran trabajando en medios cuya dirección y línea editorial es sumisa a los dirigentes de turno. Solo les faltó premiar el trabajo de quienes han cambiado el paisaje urbano de la ciudad con sus vallas cargadas de consignas y mensajes violentos y vejatorios.

Sin lugar a dudas, la estrategia gobbeliana reina en los programas comunicacionales del chavismo, que siguen a pie juntilla los principios de Paul Joseph Goebbels: abusar de los mensajes hasta hacerlos creíbles, especialmente en los sectores de menos cultura.

La televisión, el cine y los grandes avisos saturan al público con las imágenes de los “héroes de la revolución” y crean mártires que son idolatrados.

En la 73° edición del Premio Nacional de Periodismo, la mayor distinción recayó en José Vicente Rangel, político ligado estrechamente al gobierno, donde ha ejercido cargos. Por otro lado su labor periodística ha estado vinculada en los últimos tiempos más a generar opinión que al propio ejercicio de la profesión, que exige garantizar la verdad de la noticia.

Este premio lo que pone en evidencia es que el verdadero periodismo en Venezuela se encuentra en peligro de extinción.  Pareciera que el mejor profesional no es aquel que hurga en lo que escucha sino que transmite una información plana, inofensiva, que exalte el culto a la personalidad ya presente en las gigantografías que “adornan fachadas e interiores de oficinas públicas”.  Para el chavismo la mejor noticia es la que subraya que hay un enemigo común que busca destruirnos. El mejor comunicador es aquel que está ciego ante las políticas erróneas del gobierno. Informaciones que apuntalan las consignas que bombardean a diario al ciudadano, desde la escuela y hasta en el cine.

Para contrarrestar estos mensajes se necesitarían de profesionales  conscientes, que puedan escribir con libertad, pero ya esto es casi imposible, ya que muchos medios independientes  son cómplices del sistema. Los sucesos se obvian, se minimizan o se manipulan. Un ejemplo reciente es el tratamiento informativo que los medios oficialistas dieron a los acontecimientos que acompañaron a la frustrada visita de los parlamentarios brasileños.

Una vez más el chavismo hizo gala de su falta de profesionalismo y catapultó a la verdadera diplomacia, que está muy lejos de la violencia que se ejerció ese día. Justificar el abuso es la tarea que imponen a sus comunicadores y quien así no lo haga puede quedar sin empleo.

Ya lo señala Umberto Eco en su más reciente trabajo editorial “Número Cero”, donde critica al periodismo a través de un diario que se adelanta a los acontecimientos a base de suposiciones y mucha imaginación.

Volviendo a los premios, ninguno destaca por tratar la realidad que atormenta al venezolano. Encontramos que la mayoría de los trabajos pertenecen a medios oficialistas como Versión Final, vinculada a la Gobernación del Estado Zulia;  revista Épale Ccs, Correo del Orinoco, Ávila TV, Alborada 100.9, YVKE Mundial,  www.desdelaplaza.com y la Oficina de Gestión Comunicacional del Ministerio del Poder Popular para la Energía Eléctrica. Soluciones, uno de los programas de Globovisión, se encuentra en la lista, así como otro espacio en el canal deportivo Meridiano TV, solo dos medios ubicados fuera del circuito oficial, lo que revela lo viciado del premio.

Podemos concluir que estamos en tiempos cuando la propaganda se alza sobre el ejercicio científico y responsable del periodismo. El pensamiento libre se aniquila. Los valores se transmutan en un elogio a la inercia. La propaganda busca ocultar la ineficacia y acusa a un enemigo externo como el único culpable de la corrupción. El terror a no poder subsistir se apodera de la voluntad.

 

Mayte Navarro Serrano

Miembro de Expresión Libre