La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

Blog: Obama choca con la Prensa

Barak Obama convenció a los americanos de que acabaría con la Patriot Act, la ley de excepción que elaboró George Bush tras los atentados del 11-S, pero no sólo ha ampliado su vigencia sino que la ha usado contra la Prensa como ninguno de sus ilusionados fans pudo imaginar: comprobando las llamadas telefónicas de un centenar de periodistas de la agencia Associated Press. Este escándalo, que acaba de estallarle en las manos, se suma a otro relacionado con la información -las tergiversaciones oficiales sobre el atentado al consulado de Estados Unidos en Bengasi- y a un sofocante caso de acoso político a instituciones de su partido rival, que recuerdan las operaciones del equipo electoral de Richard Nixon contra sus competidores en el edificio Watergate de Washington.

No son estos los mejores días para el presidente yanqui, cuyo crédito popular se está agrietando, ni para el prestigio de una nación que asentó su reputación en el respeto a la libertad y a las reglas de juego. Pero vamos a ver si son buenos días para la Prensa al tratar lo que el presidente de AP, Gary Pruitt, ha descrito como una “intrusión masiva y sin precedentes” en el trabajo de un medio de comunicación y los otros dos casos que revelan un comportamiento político impropio. Por la mente de todos planea el evocación del pulso de la Prensa a la Casa Blanca que acabó con la dimisión del presidente Nixon en 1974, pero también el eco del encantamiento que la elección de Obama en 2008 causó en gran parte de la Prensa, del que debería despojarse para poner los pies en la realidad.

Lo que ha dicho ahora la Casa Blanca es que el control de las llamadas telefónicas realizadas y recibidas por los periodistas de la AP en mayo y junio de 2012 obedecía a un asunto de seguridad nacional. Los inspectores buscaban descubrir la fuente que informó a la agencia, al parecer, del desbaratamiento de un atentado de Al Qaeda en un país árabe. La pesquisa, aunque sea permitida por la ley excepcional antiterrorista, invade el núcleo confidencial en el que se sustenta la información periodística y permite temer un clima de incertidumbre en la investigación de asuntos delicados en los que pueda estar implicada la gestión política. patriot

Por otra parte, Obama se ha quitado de en medio y ha negado que conociera la actividad inspectora de los servicios secretos sobre el trabajo de los periodistas. Lo mismo hizo Nixon cuando empezó a tomar cuerpo la noticia sobre un espionaje realizado por su gente en el cuartel electoral del Partido Demócrata instalado en el Watergate. El Mundo ha titulado una de sus informaciones sobre el caso “Obama persigue a su ´garganta profunda´”, nombre con el que los periodistas de The Washington Post ocultaban la identidad de su principal informador sobre el escándalo. La mentira acabó con la carrera de Nixon; claro que entonces la Prensa fue implacable en la búsqueda de información sobre las irregularidades cometidas.

Lo que muchos se preguntan es si la Prensa será tan meticulosa ahora con Obama. La duda es fundada si se recuerda la fascinación que causó en muchos medios su victoria electoral, en contraste con la antipatía que despertaba ya en 1968 un hosco Nixon que había sido derrotado ocho años antes por un encantador John Kennedy. Tampoco hay que olvidar la sorprendente lenidad con que parte de la Prensa trata a un presidente demócrata y su escrupulosidad cuando le toca gobernar a un republicano. Casi todas las medidas antiterroristas adoptadas por el republicano Bush siguen en pie por voluntad de Obama, entre ellas la cárcel excepcional de Guantánamo que prometió cerrar, pero de ello a veces la Prensa parece distraerse.

Dicho todo esto, no creamos que el argumento de la seguridad nacional es insignificante. Se trata de uno de los valores que el periodista ha de tener en cuenta al difundir una noticia. La información es un servicio a la sociedad. Lo que ocurre es que a veces se alude a la seguridad nacional para controlar la información y la historia ha venido demostrando cómo se puede impedir información relevante cuando esa razón no es más que una coartada. El problema radica en que desde la esfera política se controlen periodistas. Si la información ha cometido un error, hay que atajarlo de forma normal, civilizada y legal, no con espías. La Patriot Act es una ley vigente, sí, pero si la lucha contra el terrorismo acaba con la información, al final tendremos que concluir que ha ganado el terrorismo.

Lejos de pedir disculpas, Obama ha seguido haciendo cantos a la libertad de expresión. Pero muchos piensan en Estados Unidos, según dicen, que es hora de que las bellas palabras se traduzcan en respeto escrupuloso a la primera enmienda de la Constitución, que dice que “el Congreso no hará ley alguna que coarte la libertad de palabra o de prensa”. No es este escándalo, sin embargo, el principal motivo de preocupación del presidente. Tampoco el espectáculo de la ocultación de información a los ciudadanos sobre el atentado en Libia, del que su gente ha ofrecido distintas versiones. Lo más grave es la persecución de la agencia tributaria a empresas relacionadas con el Partido Republicano. Pero es en los tres en los que la Prensa está obligada a mantener el tipo.