La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

 Televisiones buenas y televisiones malas

He leído estos días una reflexión sesuda, o así, sobre los efectos de la manipulación televisiva, según la cual, el hecho de que La 1 de TVE ocupe el tercer lugar entre las emisoras generalistas demuestra que a más manipulación menos audiencia. Pero en el mismo texto se aporta inmediatamente el dato de que la cadena autonómica TV3 es líder en Cataluña con el 11,7 % de audiencia, omitiendo naturalmente que es la que más manipula en esa comunidad y tiene fama bien ganada de ser la más manipuladora en el conjunto de España. Podríamos conceder que se dicen estas cosas por efecto del calor insoportable que padecemos esta temporada, pero hemos leído argumentos similares en medio de los fríos del invierno.

Porque, vamos a ver: si el volumen de la audiencia televisiva estuviera en relación inversamente proporcional a la manipulación que se ejerce sobre los contenidos de la televisión, la TV3 estaría bajo mínimos, sería un caso insólito de emisora sin seguidores fuera de los que la manipulan y sus acólitos. Su más reciente fechoría manipuladora ha sido sumarse de pleno a la última maniobra independentista de Artur Mas, transmitiendo en directo la firma de la convocatoria del subterfugio electoral del 27 de septiembre y entrevistando a los principales colaboradores de la lista Junts pel Sí que agrupa a los agitadores de la separación de Cataluña del conjunto de Espana.

La entrega de la TV3 a los intereses políticos de Artur Mas ha sido denunciada una vez más, con este motivo, por el Sindicato de Periodistas, que en un comunicado de protesta incluye este párrafo de elemental sensatez: ¨Esto no puede ser en una televisión pública. El primer deber de los servicios informativos es con los espectadores, no con el gobierno ni con ninguna candidatura por amplia que sea. Puede ser difícil, pero los periodistas, si queremos serlo de verdad, tenemos que marcar distancias con el poder¨ (http://www.elmundo.es/cataluna/2015/08/06/55c26244268e3ec6218b45a8.html). No hay organización profesional que haya protestado más reiteradamente que este Sindicato por la supeditación de TV3 a los planes políticos de las autoridades autonómicas antes y después de iniciar su extravagante guerra contra España.

Ya conocerán ustedes ese dicho autocrítico aunque un tanto cínico que corre por las redacciones, ¨Que la realidad no te desmienta un buen titular¨, y que admite muchas adaptaciones, por ejemplo: ¨Que la realidad no te impida emitir una opinión preconcebida¨. Para un sector del periodismo solo manipulan las televisiones públicas que dependen de Gobiernos ¨populares¨ (TVE, Telemadrid, la autonómica de Castilla-La Mancha hasta que García Page imponga la sustitución del director general…) mientras que televisiones frecuentemente acusadas de trastocar la realidad o de ponerse al servicio de otros Gobiernos (como TV3, Canal Sur…) reciben de ese ámbito la más abierta condescendencia cuando no el olvido y la absolución de sus transgresiones.

Para el pensamiento progre más recalcitrante, la manipulación no existe nunca en los medios de comunicación vinculados a su área de pensamiento. Ese sector asiste ahora con entusiasmo a las gestiones que realiza el nuevo Gobierno de izquierdas de la Comunidad Valenciana para reabrir la televisión autonómica cerrada por el anterior Gobierno del Partido Popular en su política de ahorro de gasto público. La Comunidad Valenciana no tiene un euro según dicen sus nuevos mandatarios, pero va a seguir empeñándose en la reanimación de un instrumento de propaganda tan querido. Aquel sector, que vapuleó a la televisión valenciana por su complicidad con el poder, realiza ahora un ejercicio de buenismo inmaculado esperando el advenimiento de la objetividad y de la independencia nunca halladas. Recuerda esto la alusión de Ortega al fenómeno de la hemiplejía moral. Ni la derecha es siempre tan malvada ni la izquierda es siempre tan bondadosa y cumplidora de la ley. La televisión valenciana va a demostrarlo una vez más. Permanezcamos atentos a la pantalla.