La información como mercancía cuando hablamos de alimentación

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La crisis económica que atraviesa Venezuela ha alterado el proceso de producción de alimentos y otros productos de la canasta básica, volviéndolos escasos, de difícil obtención. Por disposición gubernamental se reguló el precio de la gran mayoría de ellos y se establecieron pautas para su distribución a los centros de expendio públicos y privados de todo el país. Actualmente para poder cumplir con la rutina de la compra una familia debe visitar varios comercios para ubicarlos e invertir horas en largas colas para su adquisición.

Saber dónde hay

En el marco de esta situación, cada venezolano se ha hecho de un informante que le suministra  la ubicación de cualquiera de los alimentos o productos de higiene o limpieza de la canasta básica. Entre ellos podemos nombrar: harina de maíz precocida, leche, café, azúcar, aceite, arroz, pasta, queso, pollo, carne de res, jabón de tocador y de lavar, desodorante, papel higiénico, desinfectantes y lavaplatos entre otros.

La información más valorada en estos momentos, es la que da cuenta de día, hora y comercio donde será vendido el producto que más escasea. El que maneje esa información tiene un poder que no se relaciona directamente con su cargo o posición: empaquetador de automercado, gerente de tienda, chofer de camión o despachador de almacén. Hoy en día cualquier conversación puede ser abruptamente interrumpida por el grito de “llegó leche en tal automercado”, “van a sacar aceite hoy en tal otro”. Inmediatamente se disuelve el encuentro y los participantes se disipan para tratar de resolver cómo hacerse con el producto.

Este contexto ha dado paso a un nuevo oficio en el mundo del comercio informal: “el bachaquero”, que no es más que una persona que para sobrevivir se dedica a la localización y compra de los productos escasos para  su posterior reventa.

Como consecuencia de esta realidad se ha penalizado reseñar las largas colas que los venezolanos se están viendo obligados a realizar y sufrir para hacer su compra, y se censura la información que se refiera a este hecho. También profesionales de la información o particulares han sido despojados de la cámara o teléfono móvil con el que han registrado esta realidad.

No saber lo que se está comiendo

A finales de abril se dio a conocer la encuesta Condiciones de Vida Venezuela 2014 (Encovi), con información recogida en 1.479 hogares venezolanos. El sondeo fue realizado por  las universidades Central de Venezuela (UCV), Simón Bolívar (USB) y Católica Andrés Bello (UCAB). La presentaron las doctoras de la Fundación Bengoa, Marianella Herrera Cuenca y Maritza Landaeta. Entre las principales conclusiones afirman que “la dieta básica es de baja calidad. Los alimentos que compran los pobres son calóricamente más densos, más baratos, están regulados y se expenden en las redes públicas de distribución”

De la lectura de los resultados se desprende que los hábitos alimenticios de las clases desfavorecidas no responden a la necesidades nutricionales. Huevos y frutas no figuran entre los diez primeros alimentos que se adquieren semanalmente en un hogar venezolano de escasos recursos. Estos productos dieron paso a las leguminosas y las grasas ocupan el tercer lugar. Coinciden los estratos bajos, medios y altos en privilegiar la compra de cereales y el consumo de leche y lácteos han disminuido en los tres. Solamente los estratos medio y alto privilegian la compra de hortalizas.

Finalmente el alimentarse en Venezuela se balancea entre la astucia de saber dónde se vende lo que escasea y el desconocimiento de que consumir  carbohidratos no es suficiente para una vida sana.

Serenella Rosas Flunger

Periodista/cronista gastronómica

Miembro del directorio de Expresión Libre