El periodismo del siglo XXI navega en un mar sin libertades

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No se trata de asumir el rol de víctima, pero si el de no dejar pasar las pillerías de algunos, quienes al verse en peligro de ser descubiertos ante la opinión pública desacreditan la labor investigadora y de denuncia del periodismo, que por cierto ese es uno de los objetivos de un periodista ante la comunidad, no sólo contar lo que sucede sino buscar las causas y efectos de los eventos.

Hoy día, entre los oficios más arriesgados está el de ser periodistas, carrera estigmatizada por políticos y por aquellos que persiguen oscuros intereses que van desde el narcotráfico hasta el terrorismo. El resultado, que cada vez el oficio del periodismo sea más plano, que la autocensura se convierta en una tentación ante los riesgos que no sólo implican la pérdida del empleo, uno de los derechos de cualquier ciudadano, sino que también se ponga en peligro la propia seguridad personal, como lo revelan actos ocurridos en México y Centro América.

En estos tiempos, cuando han surgido políticos con poca formación en la materia pues conciben el poder como instrumento totalitario, el periodismo también representa un peligro. Esa es la razón porque en Venezuela,  ante una política con programas que sumen su economía en índices de miseria por los desaciertos, donde la propaganda está por encima de los programas y la corrupción se expande a sus anchas, el periodismo independiente se persigue y el poder monopoliza la información haciéndola homogénea y peligrosamente panfletaria.

Maduro, al igual que Chávez, colocaron a Venezuela en la lista de países cuya libertad de expresión se encuentra en peligro de extinción. Acá se impone la “dictadura de la ley”, que busca, como lo dijera un ministro ruso de Información, poner orden para que los “periodistas dejen de hacer lo que les da la gana”.  Allá los casos de corrupción estaban todos los días en primera página. En Venezuela sucede lo mismo, pero el Gobierno quiere que esto no le haga mella por eso acalla a la prensa, persiguiendo a quienes denuncian, marginando económicamente a los medios para que desaparezcan, pasen a manos de dueños que militen en su partido o sean genuflexos.

El resultado, que el periodismo sea cada vez más plano, menos profundo, sin compromiso, sólo así no correrá riesgos.

En Venezuela la corrupción danza a sus anchas en los predios del poder. Para quienes se benefician con estos negocios, la prensa seria, la que se basa en la investigación y que va más allá del hecho, resulta peligrosa porque indaga en las causas y en los actores, va más allá, puede predecir las consecuencias, por lo tanto abre los ojos del lector o usuario, lo hace pensar, le señala sus derechos ante el abuso del poder, porque esa es su función, la de árbitro.

Por eso también se enfrentan a las universidades donde se forman los futuros comunicadores.  Es conocida la crisis que viven las principales  casas de estudios superiores venezolanas.  Todas sus facultades se ven afectadas porque hay que matar el pensamiento, el raciocinio.  En nuestro país es peligroso pensar, sólo quien baja la cerviz recibe migajas.  Ahora se habla del hombre nuevo, por lo tanto del “periodista nuevo”  que egresa de universidades bolivarianas cuyos pensa son más adoctrinamiento que formación, resultado: un comunicador mediocre y al menos tibio,  capaz de autocensurarse, un profesional con escasa posibilidad de analizar científicamente los acontecimientos.

En cuanto al periodismo que se ejerce en los medios oficiales está reñido con la ética. No sólo es deplorable por violar los derechos ciudadanos, pues se basa en la burla y la descalificación,  sino que son amanuenses del régimen, se rinden y dejan de lado su verdadera responsabilidad, INFORMAR  a los lectores, buscando la verdad, dando oportunidad a las partes. Sin lugar a dudas, estos políticos están poniendo en peligro la libertad. Como lo afirmó Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa: “La libertad es un bien más escaso de lo que la gente piensa”.

mayte.navarros@gmail.com

@mainav

Periodista del diario El Universal, Caracas, Venezuela

Miembro de Expresión Libre