La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG:Periodismo de camiseta

Uno de los gestos periodísticos que siempre me han impresionado es la obstinación en mostrar a los cuatro vientos la propia confusión y hasta el desconocimiento. Hay periodistas que reinciden con asombrosa frecuencia. Doy por supuesto que todos ignoramos nuestras equivocaciones en el momento de cometerlas, pero sorprende la falta de rectificación en lances posteriores. El riesgo del periodismo es el escrutinio público, el ineludible examen que hay que pasar cada día ante un tribunal inclemente, pero se diría que algunos ignoran también su existencia.

Acabo de leer afirmaciones tan autoidentificativas como ésta: “no se entiende el retraso del Partido Popular en designar un candidato a las elecciones europeas”, que demuestra que el autor es realmente quien no se ha percatado de la maniobra y que ni siquiera ha tenido la cautela de observar el desconcierto político inducido a Elena Valenciano. O esta otra: “los partidos mayoritarios imponen un imposible diálogo a Artur Mas en el terreno que marca la ley”, lo que parece significar que el autor valora la legislación democrática como un insoportable inconveniente.

Hago este preámbulo sobre el periodismo político para declarar de antemano que el periodismo deportivo, al que quiero referirme, no es el campo exclusivo de los resbalones. Pero es un vivero de ligerezas que supera a todos los demás. Una de las circunstancias que favorecen sus deslices es el ocaso de la crónica informativa, sustituida por la abundancia de opinión. En el periodismo deportivo casi todo es opinión, valoraciones, pontificaciones y muchas veces pelea de supporters abiertamente declarados que defienden sus colores como en las más encendidas controversias de aficionados.

A poco de llegar a España, el entrador del Futbol Club Barcelona, el “Tata” Martino, mostró su sorpresa en una rueda de Prensa por lo que llamó el “periodismo de camiseta”: “Vienen aquí a preguntarme vestidos con la camiseta de su equipo”. Fue una definición sensacional y acertada, que ponía en la picota un modo de entender el trabajo informativo que acaba erosionando la información. Como si quisieran darle la razón al asombrado argentino, las peleas de aficionados han continuado en todo su esplendor desplazando a la investigación informativa.

Hay una controversia desde hace más de un año que detalla la deriva: es la que discute si Diego López debe dejar su puesto a Iker Casillas en la portería del Real Madrid. Todos los gustos son legítimos y es muy propio de la polémica permanente del futbol que unos aficionados prefieran a un jugador y otros a otro, pero cuando se pronuncian profesionales de la comunicación, a los que se les supone poseedores de información relevante, reducir todo a la simple manifestación del gusto personal es estéril o se convierte en una boludez, que diría el técnico barcelonista.

Apostar drásticamente por uno es, además, una temeridad, una exposición aventurera cuando se carece de información. Yo no he visto ni oído a nadie exponer las razones técnicas por las que Carlo Ancelloti, entrenador madridista, ha preferido a López. Nadie de la comunicación, que yo sepa, ha asistido a los entrenamientos y ha conocido de primera mano los detalles profesionales que sustentan su alineación. Cuando José Morinho quitó a Casillas, sus insistentes críticos difundieron la sospecha, no la evidencia, de una disposición personalista, pero su sucesor ha ratificado aquella decisión.

Sin embargo, se oye con insistencia al periodista con camiseta preconizar que “tiene que jugar” tal futbolista, o sea, su preferido, pasando por encima de la profesionalidad de los entrenadores, la razones de sus especialistas y los registros de los entrenamientos. No se trata de una conclusión basada en hechos sino de una muestra de pasión, lo cual no está en el abecé  del periodismo, ni siquiera del periodismo de opinión, porque la opinión ha de fundarse en datos. La simple preferencia es muy legítima, pero no es de recibo cuando suplanta a la exigencia profesional de aportar información.

La libertad de expresión, como amparo de todas las opiniones, a veces se ve en el trance de cobijar hasta las meras conjeturas en el campo profesional. Qué lo vamos a hacer.