La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG:Obama sale ileso

Después de la desaparición de John F. Kennedy, la Prensa estadounidense acentuó su diligencia escrutadora sobre los políticos, con resultados que van desde la dimisión del presidente Richard M. Nixon en 1974 por un asunto de espionaje electoral, hasta la retirada del candidato Gary Hart en 1987 por una cuestión de faldas. Ben Bradlee, que fue director de The Washington Post, escribió en sus memorias publicadas en 1995 que bajo las nuevas normas de comportamiento la Prensa habría sido severa con Kennedy y sus aventuras amorosas. El propio Bradlee no tiene reparo en confesar su asombro al conocer que su propia cuñada, Mary Meyer, había sido, a sus espaldas, una de las conquistas del presidente asesinado en Dallas, que era amigo personal suyo.

La moderada reacción de la Prensa americana ante los escándalos que se van conociendo de la gestión de Barak Obama resulta extraordinariamente chocante. No es que los medios no se hayan ocupado de las irregularidades, que de otro modo no se habrían conocido con tanta precisión fuera de Estados Unidos, sino que las críticas a la Casa Blanca no son tan enérgicas como lo fueron antes ni han generado un clima de mayoritaria indignación, como cuando George Bush tomó decisiones que Obama mantiene ahora. O la Prensa ha cambiado de nuevo su forma de ver las cosas –o sea, ha retrocedido- y ya no se escandaliza a pesar de que se ponga en juego la integridad de la democracia americana, o estamos ante otro caso clamoroso de doble vara de medir.

prensa americana

La presunción de que los grandes medios americanos propenden a ser más severos con los políticos del Partido Republicano que con los del Partido Demócrata encuentra detalles confirmatorios en la perseverancia contra Nixon y en los titubeos mostrados con las aventuras sexuales de Bill Clinton en el despacho oval. Podría desmentirlo el infortunio de Hart, que era candidato a la nominación por el Partido Demócrata cuando la Prensa lo destrozó por una infidelidad, pero en el episodio intervino un imprudente desafío a los periódicos: “Si alguien quiere, pónganme un vigilante; pero se aburrirá”. Se lo pusieron y el retador quedó ante la opinión pública como mentiroso, que es de lo peor que le puede pasar en Estados Unidos a un político, no precisamente aquí entre nosotros.

El caso es que Obama se beneficia de un tono menor en la Prensa a pesar de la gravedad de lo descubierto: en especial, el acecho a periodistas de Associated Press para descubrir sus fuentes, el acoso fiscal a instituciones del Partido Republicano y ahora el espionaje masivo de las comunicaciones privadas, denunciado por un joven ex empleado de la CIA llamado Edward Snowden, que se encuentra oculto en paradero desconocido. La acción de Snowden no es similar a la de Julian Assange, que lleva un año asilado en la embajada de Ecuador en Londres. Éste violó secretos de estado de las relaciones internacionales con una filtración de documentos indiscriminada y económicamente rentable, mientras que Snowden ha denunciado una práctica que considera lesiva para los derechos humanos.

Obama actúa, es cierto, con las leyes que puso en marcha su antecesor, Bush. Pero quienes tratan de exonerarlo con este argumento omiten que prometió derogarlas. También es verdad que la lucha contra el terrorismo ha causado inevitables lesiones indirectas al derecho a la intimidad y es cierto, como dice Obama, que no es posible tener ­ “un 100% de seguridad y un 100% de privacidad”. Pero entre las “pequeñas concesiones” que dice el presidente que los ciudadanos han de hacer en el capítulo antiterrorista y el espionaje masivo hay una gran distancia ante la que el ojo vigilante de la Prensa demuestra una gran pereza.

En Europa, y en España en concreto, mucha Prensa apunta pellizcos de crítica sin entrar a fondo en el asunto. De Bush se dijo aquí hasta que era tonto, se hizo parodia del presidente José María Aznar cuando consolidó unas relaciones estrechas, se dogmatizó que el presidente sucesor repararía el desastre… y el desastre continúa. La gestión de la Presidencia de los Estados Unidos no ha cambiado, ahí sigue en pie la cárcel de Guantánamo que Obama prometió cerrar y sigue prometiendo cerrar cada dos por tres sin cumplirlo, pero sí ha cambiado la Prensa, que parece contagiada por la mansedumbre de la izquierda cuando se trata de juzgar a los que considera suyos. No ha habido choque de trenes entre la Prensa y la Casa Blanca (en contra de lo que se podía presagiar: ver la entrada de este blog del 20 de mayo pasado), sino solo un empujoncito del que Obama ha salido ileso.