La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG:¿Más límites, dice usted?

Quiero hacer una interpretación generosa del deseo de implantar más límites a la información expresado por el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. Quizá aludía a la necesidad de que los periodistas actuemos con las normas de autocontrol que a cualquier profesional cabe exigirle, para no dar a un hecho más importancia de la que tiene y relatarlo con la mayor voluntad posible de exactitud. Se refería a la publicación por El País de unas fotografías de hace casi dos décadas en las que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijó, aparece en compañía de un condenado por narcotráfico muchos años después, y que han inducido a muchos -digámoslo así- a pensar en una connivencia indeseable y a la oposición gallega a pedir automáticamente la dimisión del político.

Si González pide autocontrol, nada que objetar. Sin ir más lejos es lo que los medios, y al final la opinión pública, exigen a los políticos. Es lo que se reclama a cualquiera, aspirando a que cumpla correctamente sus compromisos por el procedimiento de observar los deberes de su profesión. El político debe trabajar lealmente al servicio de los ciudadanos y administrar correctamente los recursos económicos que se ponen a su alcance. El periodista debe confirmar las noticias y difundir una exposición veraz dimensionada a su importancia. El autocontrol supone un conocimiento de los deberes y una voluntad de cumplirlos.

Pero cuando un político pide más límites a la información tenemos el deber de ponernos en lo peor. Porque la historia nos demuestra que el poder político tiene una predisposición expansiva con respecto a los medios de comunicación que le hace caer con harta frecuencia en la tentación de controlarlos (el profesor Carlos Soria la llamó “tendencia casi genética hacia el control informativo”). Y porque aplicar límites no debidos a la información es una manera eficaz de acabar con ella.

Las palabras de González podrían sugerir a algunos que en España no existen límites a la información ni a la emisión de opiniones. Craso error. El derecho a la información y a la opinión está limitado por disposiciones que arrancan de la misma Constitución. Y hay que decir que los límites así establecidos en nuestra democracia son los indispensables para que sea posible la difusión libre de información y la emisión libre de opiniones.

Los principales límites constitucionalizados son el respeto a los derechos fundamentales de las personas y “especialmente”, subraya la ley, el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen. Estos derechos de la personalidad son preservados por la ley penal, que sanciona, por ejemplo, la injuria y la calumnia, y obtienen la adecuada protección civil.  Una persona que se considere afectada injustamente en uno de sus derechos fundamentales puede acudir a la justicia para defenderse y lograr una rectificación y una indemnización compensatoria.

El capítulo de los límites a la información y a la opinión está completo. Otra cosa es el problema que causa la lentitud con que en España actúa la administración de justicia. Núñez Feijó podría haber acudido al juez para denunciar una lesión a su derecho al honor por las fotos de antaño que sugerían una anormalidad actual, pero no habría logrado nada para los tiempos apremiados de la gestión política. Más inteligentemente se ha enfrentado a la insinuación de las fotos para desactivarla y serán los ciudadanos quienes juzgarán la precisión o la frivolidad del periódico.

Volviendo a mi interpretación benéfica del exordio del presidente madrileño –“tiene que haber un límite”-, y deseando que no pase a mayores, diré que es comprensible su enfado por el problema que se ha encontrado su colega. Pero la conclusión es muy mala. ¿Más límites a la Prensa, dice usted? No se me ocurre cuáles (en este sistema, claro; en Corea, en China y en Cuba son interminable). ¿Y quién le asegura que con más límites no sucedería algo similar? Sobre todo cuando, como hemos visto, políticos de colores diferentes al suyo se han frotado las manos con la publicación de esas fotos y han omitido cualquier prurito por su veracidad para exigir la dimisión del retratado. Además, ¿está usted seguro de que, si no las hubiera publicado un periódico, esos políticos no las habrían exhibido cualquier tarde en una sesión parlamentaria? Con lo cual, hemos de regresar al principio: no hacen falta más límites; pero sí se echan en falta dosis adecuadas de autocontrol…