La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG:¿A Rajoy le interesa la opinión pública?

La pregunta que encabeza estas líneas será tenida por muchos como excesiva. Vamos, qué tontería: ¿cómo no le va a interesar a Mariano Rajoy lo que piensa la gente? Es un político, y un político aguza el oído para auscultar el rumor de la calle. Pero la pregunta es oportuna porque nuestro presidente del Gobierno actúa como si se hubiera situado al margen del murmullo popular, a pesar de que -a estas alturas de la crisis, con la irritación que ocasiona la falta de trabajo, con el pánico a la amenaza de hambre, con la pesadilla del desbarajuste nacional- ya no es un bisbiseo sino un griterío.

Soraya Sáenz de Santamaría afirma que Rajoy ha hablado ya, a estas alturas del mandato, más que sus predecesores. Yo no tengo números para rebatirle. Pero el problema unas veces es de cantidad y otras de oportunidad. Por ejemplo, el viernes, tras un Consejo de Ministros que tanto se había pregonado, se esperaba su palabra. Y ahora estamos que no sabemos si las decisiones que allí se tomaron suponen un cambio de rumbo, o son el preámbulo de otras, ni qué otras pueden ser. Ni tampoco conocemos el ánimo del presidente y todo se vuelve sospechas, recelos y desconfianza.

En El Mundo de papel, Jaime Lamo de Espinosa decía el domingo que echaba de menos la voz de Adolfo Suárez, el presidente que gobernó la transición hoy acallado por la enfermedad, porque “diría cosas atronadoras”. Quien fuera ministro con él y con Calvo-Sotelo se mostraba en una larga entrevista desazonado por la situación de España y dejaba esta reflexión sensata sobre la necesidad de un liderazgo: “La política es pedagogía y la pedagogía necesita un discurso, un mensaje convincente que dirija la opinión”.

En cuestiones de opinión pública, quien toma la delantera suele triunfar. Una conocida teoría de la comunicación, denominada la espiral del silencio, muestra cómo los mensajes repetidos con insistencia acaban siendo percibidos como dominantes y cómo se establecen y son aceptados por una masa silenciosa y acrítica cuando nada se les opone, cuando son respondidos con el silencio. Pueden ser los mensajes más estrambóticos, las mentiras más toscas, los absurdos más extravagantes, pero acabarán siendo adoptados como axiomas si nadie los contrarresta al menos con idéntica insistencia.

Hemos pasado de soportar a un inquilino de La Moncloa que tergiversaba la realidad a esperar de su sucesor que la explique. Pero hasta el momento no hemos podido sentirnos compensados. En la España de hoy tan intranquila los mensajes que calan son los de la oposición política. Hay una central de slogans fastuosa que pone en circulación ingeniosas especies, más o menos acertadas, que ocupan espacios notables en el torrente comunicativo de cada día. Me refiero a la factoría del Partido Socialista, de acreditada diligencia. Ahora ya ha llegado a adjudicar a Rajoy la responsabilidad de los seis millones de parados.

Y eso lo dice Pérez Rubalcaba, ¡el vicepresidente del Gobierno que dejó cinco y pico millones de desempleados hace poco más de un año! Que también insiste ahora, con este precedente biopolítico, en que el presidente del actual Gobierno no sabe enfrentarse a la situación. Lo malo de las maniobras sobre la opinión pública es que se pueden planear al margen de la verdad, a pesar de que sea la primordial exigencia ética y un imperativo de nuestra Constitución. Pero déjense correr sin resistencia y muchos las tendrán por buenas.

La política de no salir al paso ha restado presencia al mensaje del Partido Popular. Incluso acreditados comunicadores, como Esteban González Pons o Javier Arenas, a veces parecen actuar encorsetados. El jefe siempre impone su estilo. Sé por algunos populares que son conscientes de que están dejando un amplio margen de acción a sus oponentes. Pero no se ve que reaccionen. Todo esto que digo es una constatación de la gestión política que se ocupa de cuidar, persuadir y conquistar a los ciudadanos, que es la batalla de la comunicación, batalla no pequeña que suele ser el preludio de la victoria.

Rajoy tiene una virtud como político: está dispuesto a quemarse por hacer lo que cree que tiene que hacer para sacar a España de la postración. No actúa mirando constantemente de reojo a las urnas. Pero no se explica. Prefiere el despacho a la convocatoria pública, a pesar de ser un buen parlamentario y un buen argumentador. Pero tan importante como tomar decisiones es definirlas y divulgarlas. El político que da la espalda a la opinión pública ha empezado a perder. La gente que creyó en Rajoy necesita que se exprese. Lo necesita, en realidad, España entera. Y ese ejercicio está resultando urgente también para él.