La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Ya no es periodismo, es espectáculo

Una de las mejores muestras de la crisis del periodismo deportivo se encuentra en la sorpresa que le causó al “Tata” Martino, entrenador entonces del Barcelona, la actitud de periodistas que asistían a sus ruedas de Prensa: “Vienen aquí a preguntarme –sentenció- vestidos con la camiseta de su equipo”. Procedente de un país no precisamente frío en las disputas futbolísticas, Argentina, el entrenador Martino observó que hay lugares en los que la parcialidad se cuela donde no debe. Si hoy siguiera en España, podría comprobar que incluso sigue creciendo. Hay periodistas deportivos que ya no solo van con la camiseta a ciertas tertulias de televisión y de radio, sino que parecen mandatarios del equipo de sus amores para mantener encendido el fuego pasional de los aficionados.

Este fenómeno de transformación del periodismo deportivo, que empieza en una renuncia a la independencia personal y culmina en una caída en la parcialidad, no ha merecido la atención de las asociaciones profesionales a pesar de que ya es tema frecuente en las conversaciones de colegas. En este blog me he ocupado del asunto de la imparcialidad periodística. En las Facultades de Comunicación hay profesores que alertan a los alumnos de los riesgos que entrañan para la información los compromisos personales de los periodistas en asuntos discutibles –política, deporte, publicidad…-, tratando de poner en lugar preferente las cuestiones éticas, base de un ejercicio profesional responsable.

Y ahora nos llega un documental cinematográfico que certifica el giro resbaladizo que ha dado el periodismo deportivo. Se trata de “Cuero y tinta”, dirigido por José Luis Sánchez Maldonado, que acaba de ser estrenado en cines comerciales y del que se puede encontrar información en la web de Occidente Producciones. Con testimonios de numerosos protagonistas del comentario periodístico, muestra la evidencia de una deriva de los espacios dedicados al deporte, en especial al fútbol, hacia un montaje que se aleja de la información para centrarse en la discusión desde posturas interesadas. Uno de los profesionales participantes en el documental se sincera ante la cámara y define adecuadamente el problema: “Ya no es periodismo, es espectáculo”.

Por lo general, los periodistas entrevistados en “Cuero y tinta” reconocen los pecados de este periodismo deportivo: “Se ha perdido imparcialidad” (Relaño), se hace un “periodismo radicalizado, de club” (Besa), hay “periodistas más ultras que algunos aficionados” (Lamelas), “… el periodista se convierte en un forofo” (Lama), “el periodismo está a la baja y el personaje de reality está al alza, y eso es un problema muy serio” (Segurola), “se está haciendo un daño terrible a la credibilidad del periodismo” (Uría); hasta el futbolista Piqué entra en el debate y establece, con razón, que “se debe tratar todo con un poco más de imparcialidad”.

Por el contrario, en la rueda de opiniones no falta el tópico periodístico tantas veces repetido, ¡hasta en algunas aulas!, a favor de una honestidad que indultaría la toma de partido: “honestidad sí, imparcialidad no” dice un conductor de tertulias periodísticas, repitiendo el cliché que en realidad no avala la independencia profesional sino que certifica precisamente su declive. Si se es honesto con el deber periodístico de informar, o sea, si se tributa a la información todo su valor como servicio a los ciudadanos, entonces hay que esforzarse en la imparcialidad. La imparcialidad/independencia no se predica de la opinión, de acuerdo, pero la opinión debe ir precedida de un radical esfuerzo de imparcialidad/independencia en todas las operaciones profesionales que la preceden: selección de la información, valoración de su importancia, elaboración del relato, etc.

Este periodismo deportivo ha sucumbido al espectáculo que practica la televisión. Es el gran riesgo que acecha a la información televisada que, como cualquier otro producto del medio, se ve en la necesidad de retener al público. Por eso la televisión muestra a veces tantas carencias para la transmisión de conocimiento. También la radio, aunque en menor grado, ha hecho concesiones al show. La consecuencia es que prácticamente ha desaparecido la crónica deportiva bajo un aluvión de opinión, de parcialidades, de personalismos, de fanatismos por unos colores. No faltan quienes defienden todo esto como productos mediáticos que quiere la gente. Bueno, la gente aplaude la excelencia cuando se le da; mejor, de entrada, no lo llamen periodismo sino lo que es: espectáculo.