La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Viejas ideas sobre la prensa

El nuevo diputado europeo Pablo Iglesias ha descubierto sus ideas sobre el papel de los medios de comunicación y ha originado una pequeña polémica. No son ideas nuevas sino tan viejas como la historia, y desde luego discutidas y rechazadas aquí entre nosotros con reiteración, de modo que la leve polémica se debe más a la sorpresa de que tales especulaciones vuelvan a exponerse. Pero como el partido de Iglesias, Podemos, ha entrado con fuerza en las últimas elecciones y está siendo cortejado por Izquierda Unida tras verse inesperadamente competida en su terreno e incluso hay presunción fundada de que una parte del Partido Socialista se ve tentada de hacer lo mismo, como pasa todo eso, no conviene dar por seguro que las viejas ideas no volverán, aunque sean tan fracasadas como éstas.

El programa político de Iglesias sobre la comunicación informativa se resume en su propósito de establecer un control público sobre los medios. De esa manera, dice, se garantizará la libertad de expresión, que no estará en manos de multimillonarios ni condicionada por empresas privadas ni por grandes grupos empresariales, porque, dice también, la concentración de la propiedad es incompatible con el derecho a la información.

Pero el control de los medios de comunicación mediante “mecanismos de control público”, palabras del propio Iglesias, ha sido un propósito siempre perjudicial para la información y la libertad. Nunca ha habido en la realidad un control público social de los medios ajeno a los partidos dominantes, cuando no al partido único. Busquen ejemplos en la historia. El control de los medios en las dictaduras ha desembocado en la desaparición de la libertad de expresión, como ocurrió en el franquismo con la ley de 1938, en la Unión Soviética, como sigue ocurriendo en China, en Cuba y en tantas autocracias. En las democracias, desemboca en el control político del Gobierno de turno, como se puede ver, sin ir más lejos, en los ejemplos dados tantas veces por la televisión estatal y las televisiones autonómicas de España. No hay en estos momentos televisión más sometida a control que la catalana, TV3, ¿y para qué sirve? Para hacer la cobertura y la promoción de la cruzada independentista de Artur Mas. O sea, para secundar al poder.

El pensamiento de Iglesias está trufado de los tópicos de una izquierda radical que desconfía de los empresarios, del capital y de los propios trabajadores. Para esa izquierda un empresario de prensa nunca tiene una visión social de su trabajo sino solo el propósito de enriquecerse, nunca se guía por el derecho a la información del público sino solo por sus propios intereses. Para esa izquierda, el periodista es siempre un súbdito del empresario o de sus jefes (cuya condición de periodistas, por cierto, se olvida), de quienes la izquierda se apresta a rescatarlo para que sea independiente. La historia nos ilustra de los dramáticos desenlaces de ese propósito salvífico.

No es necesario que vengan a explicarme a estas alturas los males de la información ni los abusos que a veces se cometen con ella. Ni me van a desbordar en la defensa de la necesidad de verdad en los contenidos y de libertad en el ejercicio informativo. La información suele ser un producto inacabado que a veces refleja deficientemente la realidad, en unas ocasiones por incapacidad o por falta de trabajo, en otras, por presiones políticas o de cualquier otro tipo, en otras, por dificultades insalvables. Pero lo que es seguro es que, mediante un control de los medios organizado desde la instancia política, la información se deteriora y muchas veces acaba siendo un fatídico cadáver.

Con todas las imperfecciones, los medios de comunicación en una sociedad libre sin controles políticos informan más eficazmente que los medios sometidos a ese control. La información que circula por los canales informativos de los países democráticos donde los medios están alejados del poder político (véase los casos de Gran Bretaña, de Francia, de España, de Estados Unidos, de Alemania, de las democracias) sirve, con todas sus lagunas, para que los ciudadanos conozcan y entiendan la realidad. La información en los países donde impera el control político (desde Cuba, Corea y China a Venezuela, Ecuador y una lamentable mayoría) se aleja de la realidad o la encubre mediante ficciones.

El ataque de Pablo Iglesias a los medios está lleno de contradicciones. Él se ha dado a conocer a la sociedad española participando en televisiones que pertenecen a grupos poderosos, La Cuatro, La Sexta, y que son propiedad de multimillonarios, el italiano Silvio Berlusconi y el español José Manuel Lara, que no son precisamente izquierdistas de su cuerda. Por otra parte, no es verdad que los medios de comunicación estén solo en manos de multimillonarios, como él dice. Hay muchos medios muy lejos de esa errónea visión y precisamente él y su gente manejan espacios de una televisión. Ahora con Internet es cada vez menos verdad que solo los ricos puedan crear medios de comunicación. Lo único que hace falta es que exista la libertad de creación y de gestión de medios, como en España y en todas las democracias análogas. El control que pone condiciones es lo que al final mata la libertad.