La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Una intimidación

En Cataluña han empezado a ir casa por casa haciendo preguntas a los vecinos para una encuesta que no es inocente. La han montado los independentistas agrupados en la Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural, la realizan voluntarios independentistas y la pesquisa gira en torno a la independencia de Cataluña con un planteamiento que apoya la creación de un “país nuevo”. Forma parte de la campaña Ara és l’hora 9N (Ahora es la hora 9N), que no es, de entrada, el mejor contexto para realizar un sondeo de opinión que pretenda cumplir con el deber de acatar la libertad de expresión de los entrevistados.

La operación retrata bien a sus promotores, que no ahorran esfuerzos ni respetan límites para alcanzar su objetivo de conducir a la gente a manifestarse a favor de la separación de Cataluña con respecto al resto de España. La decisión de acudir al domicilio de los ciudadanos no es insólita pero denota un afán de presión que siempre ha retratado a los enemistados con la libertad ajena. La prueba de que los entrevistadores son tenidos como agentes de una coacción la experimentaron ellos mismos desde los primeros momentos de la campaña cuando comprobaron que muchos vecinos ni siquiera abrieron su puerta para recibirlos. Les respondían con el miedo, un miedo lógico a verse alistados en un registro político de contrarios y amigos de la secesión.

La encuesta no es solo una intimidación por el modo de realizarse, que entraña la desconfía de una invasión de la privacidad y de una posible petición de cuentas por una opinión personal, sino también por su planteamiento, que no pasaría el examen en un curso de demoscopia para párvulos. Dos de las seis preguntas de la encuesta van precedidas de una afirmación favorable a la independencia, que condiciona la respuesta (Cataluña tendría más dinero si fuera un Estado, podría seguir en la UE como estado independiente pues cumple “todos los criterios”), tres plantean objetivos que hoy la Generalitat puede alcanzar si trabaja para ello usando de su autonomía (cómo deben ser los servicios públicos, renovar la democracia y que el castellano sea oficial con el catalán, ¡que ya lo dice la Constitución!) y la última, al pedir al encuestado que revele si irá a votar el 9N sin, por cierto, advertir que la consulta es ilegal, permite una identificación de su postura ante el independentismo. (Las preguntas de la encuesta, aquí

Los promotores de la aventura independentista han bordeado muchas veces la legalidad, han metido a Cataluña en un torbellino político, han olvidado o soslayado responsabilidades de gestión bajo sus obsesiones y han presionado a los ciudadanos para un pronunciamiento sobre una cuestión que no estaba entre sus preocupaciones principales. Y ahora se permiten además una intimidación incompatible con las normas de un sistema democrático, llegando hasta el ámbito inviolable del domicilio, que, por mucha sutileza y ficción que se emplee en su defensa, es una amenaza a la libertad de expresión de las personas y, en definitiva, a la convivencia.