La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Un hecho realmente insólito

La Comisión de Quejas de la FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España) recibió en los primeros días de octubre un encargo inesperado: la Casa del Rey pedía su dictamen sobre una noticia que denunciaba como falsa y que no había logrado que fuera rectificada por su autor ni por el medio que la había difundido. Era un hecho realmente insólito porque La Zarzuela no suele salir al paso de informaciones más o menos fundadas que la afectan, ni siquiera cuando se han reputado inexactas o carentes de sentido. En esta ocasión, decidió romper su arraigada costumbre y se ha demostrado que tenía motivos para ello porque la Comisión ha fallado a su favor con argumentos de peso y sin reserva alguna.

Se trataba de un texto publicado el 7 de octubre por El Confidencial en su web con la firma de José Luis Lobo y titulado “El Rey se empeña en ir a Panamá contra el criterio del gobierno y de los médicos”. El jefe de la Casa del Rey acudió a la Comisión para subrayar la existencia de cinco falsedades en el relato, difundido sin que su autor hubiera contactado previamente con La Zarzuela para confirmar los datos que manejaba y sin que se prestara a una rectificación. El denunciante argumentaba que era “un claro ejemplo de indefensión por parte del Jefe del Estado ante un medio de comunicación que publica noticias falsas amparándose en supuestas fuentes muy cercanas a la Institución” y acusaba al periódico digital de ofrecer una “escalada de falsedades y medias verdades” durante “muchos meses”.

La Comisión de Quejas ha efectuado una rápida investigación y en menos de un mes ha emitido un dictamen que en doce apretados folios rechaza la remisión a fuentes indeterminadas o no identificadas y lamenta la falta de rectificación de circunstancias y detalles que las fuentes de la Casa del Rey califican de falsos o inexistentes. La Comisión considera en concreto que “la crónica de El Confidencial vulnera los principios de ‘búsqueda diligente de la verdad’, de ‘contraste de la información’ y de ‘dar oportunidad a los afectados’”. El texto completo de la interesante resolución, que merece la pena leer, se encuentra aquí.

La Comisión no tiene competencias para imponer sanciones, como es norma en los órganos creados en otros países para entender de aspectos éticos del ejercicio del periodismo. Se limita a emitir un diagnóstico acerca de un conflicto sometido a su consideración, de acuerdo con el código ético de la propia FAPE y otros códigos como el Deontológico Europeo, y tal resolución es considerada una corrección suficiente por cuanto implica la exposición pública de comportamientos profesionales inadecuados. La Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología, que es su nombre completo, hoy está presidida por Manuel Núñez Encabo, catedrático de la Universidad Complutense, y de ella forman parte, además de varios periodistas, Rafael de Mendizábal, que fue magistrado del Tribunal Constitucional, presidente de Sala del Supremo y presidente de la Audiencia Nacional, y Luis Martí Mingarro, decano del Colegio de Abogados de Madrid durante 15 años.

Nacida no hace aún diez años, la Comisión ha emitido ya numerosas resoluciones, pero nunca había sido reclamado su parecer por una alta institución del Estado. Es destacable que la Casa Real haya preferido solicitar un dictamen ético en vez de recurrir a otras instancias y es evidente que su decisión va a incrementar el peso de una entidad aún no muy conocida, a la que están adheridos 40 medios de comunicación e instituciones del sector informativo, y cuyo trabajo ayuda a difundir la preocupación por los valores éticos en el ejercicio periodístico. Es un principio indudable que el exceso de regulación acaba afectando negativamente a la circulación de informaciones, pero otra cosa es la exigencia ética y la autorregulación profesional, necesarias para que el periodismo cumpla su labor de servicio al derecho a la información de los ciudadanos.