La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Un atropello que ya no nos alarma

La noticia de un inmenso atropello ha sido difundida por todos los medios on line y en papel pero no ha causado impacto. Esta es una de esas sorpresas que nos ofrece de vez en cuando la comunicación: hay graves noticias que pasan inadvertidas aunque afecten muy negativamente a todos y cada uno de los ciudadanos. La teoría de los efectos de la comunicación tiene sus excepciones clamorosas, como ésta, mientras que asuntos insignificantes o inverosímiles rumores sin confirmación posible causan conmociones.

La noticia confirma el espionaje masivo al que todos los ciudadanos se ven sometidos en numerosos países que denunció el ex funcionario de la CIA Edward Snowden. Y la fuente en este caso es incontrovertible. Ha sido la misma Vodafone, el segundo operador de telecomunicaciones del mundo, la que ha informado del espionaje que con su colaboración se lleva a cabo en 29 países, entre los que se encuentra España. Si lo confiesa quien participa en las escuchas, no hay otras gestiones que realizar para confirmar el atropello.

Ha habido estos días noticias diversas sobre lo que debería ser un escándalo mayúsculo, desde la constatación de que seis Gobiernos “pinchan” los datos de los clientes de Vodafone , hasta el relato más detallado de este abuso en las crónicas de la prensa de papel. The Guardian en Londres se ha ocupado de evaluar el escándalo y de recoger testimonios sobre su alcance. “Las peores de nuestras pesadillas se están haciendo realidad -declaró Gus Hosein, director ejecutivo de Privacy International-. Nunca imaginamos este nivel de complicidad de las compañías de telecomunicación”.

La gravedad de esta incursión en la vida de las personas es que anula en la práctica uno de los derechos humanos protegidos universalmente, el derecho a la privacidad, que incluye la protección de las comunicaciones. La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su artículo 12 que “nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada” y el artículo 18 de nuestra Constitución garantiza “el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial”.

Estas tres últimas palabras, “salvo resolución judicial”, tratan de asegurar que las excepciones al respeto de este derecho fundamental estarán justificadas por la intervención razonada y fundamentada de un juez en cada caso. Pero empieza a practicarse como norma, no como excepción, la intromisión masiva en las comunicaciones, y eso no lleva el marchamo autorizador de un juez. Estamos a la intemperie, cada vez más. Nos vigilan, nos escuchan y se apropian de nuestros datos; y con la complicidad de alguna compañía que nos proporciona la comunicación.

El desarrollo tecnológico ha facilitado esta invasión de la intimidad. La ausencia de reacción ante la prueba del allanamiento pone de relieve la rendición anímica de los ofendidos, vencidos ante la incapacidad real para proteger su privacidad. Los Gobiernos no les defienden sino que les atacan. Vodafone ha revelado –decía en su crónica el corresponsal de El Mundo en Londres, Carlos Fresneda- “la existencia de sistemas secretos de cableado que permiten a las autoridades tener acceso directo a las comunicaciones entre usuarios”. Pero tampoco los organismos supranacionales han movido piezas. Ni los jueces. Son síntomas evidentes de una derrota.