La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Sin licencia para emitir

El Gobierno del País Vasco ha decidido suspender la adjudicación de 34 licencias de radio en la Comunidad Autónoma. Convocó el concurso en el mes de marzo de 2012 y diez meses después, con todo dispuesto para culminar el administrativo trámite, ha fallado que no convenía repartir los permisos y ha dejado a los solicitantes con un palmo de narices. ¿La causa? Motivos políticos mal explicados.

La ceremonia de unos particulares pidiendo al poder político permiso para emitir por radio, que finalmente les es negado, retrotrae a tiempos caducos, cuando la libertad no pasaba de ser solo un deseo. Pero es real como la vida misma, porque en nuestro país y en pleno siglo XXI poseer una emisora de radio, y también una de televisión, depende de una decisión del Gobierno central o de uno autonómico, o sea, de una resolución política.

Así lo establece la ley, en concreto la 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual, que reordena y actualiza la legislación sobre la materia aunque no hasta el punto de reconocer la libertad de creación de empresas de radio y televisión. Como en el problema interfiere la calificación de estos servicios como de interés general, el poder se erige en dispensador de licencias, temporales por supuesto. Y quien no obtiene las licencias, es decir, los permisos, puede dedicarse a cualquier otra cosa.

Parece mentira que todo esto ocurra cuando el desarrollo tecnológico ha roto los límites técnicos para la emisión audiovisual (gran pretexto para el sistema de concesión administrativa en el sector) y cuando es posible emitir por Internet sin barreras y mandar a vagar las emisiones sin fronteras. Como parece una mentira orquestada el razonamiento, por llamarlo de algún modo, que el Gobierno vasco da de su carpetazo a la comunicación.

En el Boletín Oficial del País Vasco se encuentra la explicación –dice el Gobierno que “renuncia por razones de interés público” al concurso para otorgar licencias de frecuencia modulada- pero es una explicación que no se entiende porque tales razones son, literalmente, “las modificaciones de la Ley General de la Comunicación Audiovisual, las decisiones del Consejo de Ministros que favorecen la concentración de medios en el sentido exactamente contrario al espíritu de las bases del concurso; la concentración de licitadores que afecta directamente a la valoración efectuada; el transcurso de más de 25 años desde el último concurso efectuado y la previsión en las bases de un plazo de concesión de licencias tan amplio como el de 15 años que le confiere una dimensión de naturaleza estratégica”. Ustedes dirán si sacan algo en limpio.

Lo que sí queda claro es que nos encontramos ante una intervención del poder político en una actividad desarrollada en el ámbito de unos derechos fundamentales –libertad de expresión, derecho a la información…- cuyo ejercicio no puede ser satisfactorio sin un clima de completa y amparada libertad. Aquí lo que pasa es que el poder político tiene licencia –él sí- para decretar quién puede emitir y quién no, por dónde puede emitir y por dónde no, durante cuánto tiempo puede emitir y cuándo no; o sea, licencia para matar proyectos, licencia para dejarlos sin licencia para emitir.

Lo cual nos invita a lamentar una vez más que aún nos quede tanto camino para poder soltar amarras en una esfera tan sobresaliente de la comunicación.