BLOG: Quejas contra la Prensa

La historia de la comunicación está llena de quejas contra la Prensa. Empezaríamos y no acabaríamos una relación de imputaciones y mofas contra los medios incluso de los propios periodistas, desde Mark Twain a G.K. Chesterton, desde Walter Lippmann a Tom Wolfe, por citar a bote pronto a articulistas extranjeros que demostraron conocer bien el percal (e incluso alguno de ellos hasta lo descosió en ocasiones). No daríamos abasto si pretendiéramos hacer un inventario de reproches históricos de los políticos. Y la tarea sería absolutamente inabarcable si tratáramos de reseñar las quejas de los públicos.

derecho a la información  Traigo esto a colación porque en los últimos tiempos he detectado y con frecuencia recibido el fastidio, el disgusto y hasta la decepción de muchas personas por el papel de los medios. Supongo que la experiencia de otros colegas será similar y sospecho que la crisis de la Prensa tiene que ver también (aunque en pequeña parte porque la caída de la publicidad y los efectos de internet son retos mayores) con la insatisfacción del público. Mucha gente se queja estos días por la ausencia en los medios de explicaciones suficientes ante la deriva independentista de los nacionalistas catalanes. El periodismo explicativo tiene ahí una gran tarea, pero al parecer no la está cumpliendo a gusto de quien busca esclarecimientos y razones.

Las quejas giran en su mayor parte en torno a la corrupción y sus protagonistas. Y una bien frecuente que a mí me llega es sobre lo que llaman desproporción en el tratamiento de los casos de corrupción porque –dicen- el escándalo de los EREs de Andalucía ocupa con frecuencia espacios reducidos no ajustados a la extrema gravedad del episodio. Algo parecido se dice acerca del caso de las facturas de UGT cobradas a la Junta de Andalucía, que obtiene relevancia en algunos periódicos, por ejemplo, El Mundo, y sufre eclipse en otros, estando por medio dineros públicos y partidas consignadas para ayudar a trabajadores que no alcanzan su destino.

En el abuso de los EREs y de las facturas, verdaderamente asombroso y cabreante, lo que se echa de menos, además –y para algunos, una prueba para la desconfianza-, es que los medios no insistan editorialmente –o en algún caso ni siquiera se estrenen- en pedir explicaciones al principal responsable del sindicato socialista, Cándido Méndez, al que se le ha dejado tranquilo en sus semanas de silencio, y al que se le acepta que despache el caso de las pasmosas facturas publicadas con un suave pellizco admonitorio: “Si hubo algún error, se corregirá”. Es lo que dijo ayer repitiendo declaraciones del 30 de septiembre, en las que aludía a meras “responsabilidades políticas” . “Políticas” y no penales.

Los responsables de Izquierda Unida y del Partido Socialista, Cayo Lara y Pérez Rubalcaba, emplean su tiempo en acusar al presidente del Gobierno y en reiterar su petición de que acuda al Parlamento para seguir pidiéndole explicaciones. Claro -se dice-, la izquierda no va a sacar los colores a la misma izquierda, pero entonces ¿dónde queda eso de la autocrítica? ¿Y la exigencia de responsabilidades que tantas veces se promete? Pero lo que aquí nos ocupa es la acción de los medios, que para muchos ciudadanos resulta muy deficiente porque algunos no usan una misma vara de medir y parecen seguir la estrategia de esos políticos que tienen despierta su atención para unas cosas y una diligencia de tortuga para otras.

Estamos ante uno de los grandes compromisos del oficio periodístico, que consiste en tratar con ecuanimidad todos los asuntos relevantes. Si el periodismo no lo hace así y deja zonas de sombra entre las noticias y pedazos de parcialidad entre sus pronunciamientos editoriales, niega su razón de ser y abandona su responsabilidad de servicio al derecho a la información del público.

Lippmann conectaba en los años veinte del siglo pasado la responsabilidad del periodismo con la libertad: “No puede haber libertad en una comunidad si carece de la información gracias a la cual poder detectar falsedades”. Lo decía también de esta otra forma: “Reconducir la gestión de la información hacia una mayor exactitud y un análisis más fructífero es la vía franca hacia la libertad”. (De su libro Libertad y Prensa, Tecnos, Madrid, 2011). Lo que hay en las quejas del público es una preocupación tácita por que las irregularidades en el tratamiento de la actualidad -¡esas noticias olvidadas!- afectan a aspectos esenciales de la convivencia.