La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Qué gran espectáculo mediático el de Rodrigo Rato

Si la ejecución pública de Rodrigo Rato ha sido un plan preparado, el director de escena merece un óscar de oro. Yo no sé si hay un cerebro oculto, pero si lo hay ha demostrado dominar el tempo narrativo de un Eastwood, la capacidad de saña de un Tarantino y el arte para la fanfarria de un Fellini. Hemos asistido a un insuperable relato mediático sobre una víctima suculenta, que ha sido finalmente ajusticiada en la vía pública y proyectada en todos los televisores a la hora de la cena. No existe la realidad, existe la televisión, y en esa virtualidad ha sido abatido un ídolo, del que solo queda ya escribir un epitafio.

La víctima contaba de entrada con todas las características para el sacrificio exigido por la masa agolpada en las aceras: hombre rico, antaño poderoso y ya interrogado en los tribunales. Era el sospechoso perfecto, un objetivo de la ira. En esas condiciones, ha sido fácil producir todo con la precisión que exige un linchamiento mediático, a saber:

1.- Alguien avisó con antelación a los medios, que pudieron tomar posiciones frente al domicilio de la víctima.

2.- Se anunció que el actor pasivo del drama televisado había sido detenido, no retenido sino detenido, que es el paso previo al calabozo.

3.- Agentes de la autoridad permanecían horas en su casa investigando papeles ante el suspense sostenido por las cámaras.

3.- Las televisiones conectaban con sus enviados especiales al lugar del golpe, donde la luz filtrada por las ventanas revelaba misteriosa y tensa actividad.

4.- Incluso fue cazado el protagonista a través de una rendija: la imagen de un acosado, de un sospechoso, de un convicto.

5.- De pronto apareció el personaje y fue vejado por la rutinaria mano del agente sobre la nuca del malhechor esposado que es introducido en el coche policial.

6.- Y como parte de unos efectos especiales delicadamente estudiados se oyó un grito oportuno y destructivo: “¡Vete de este barrio!”. Un vecino -¿un vecino?- le sentenciaba a oídos del telespectador irritado.

En ese momento, ya no quedaban dudas virtuales de que Rodrigo Rato era un reo confirmado, un réprobo, un maldito. Y a todo esto, se cumplía a la perfección posiblemente un principal objetivo de una mente directora, si la ha habido: la detención, inspección, exhibición y utilización de Rato anulaba de la mente de los ciudadanos el episodio asfixiante de la investigación del caso de los Ere de la Junta de Andalucía, con dos ex presidentes autonómicos, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, declarando como imputados ante el Tribunal Supremo. De repente, Rato les salvó de la quema mediática para ser incinerado él.

Que nadie vea aquí una defensa incondicional de la inocencia de Rodrigo Rato. No puedo hacerla porque no tengo pruebas de su inocencia ni tampoco de su culpabilidad. Eso queda para los jueces. Lo que sostengo es que ha sido una asombrosa víctima mediática, como no han llegado a serlo, por ejemplo, entre otros, los miembros de la familia Pujol, empezando por el patriarca Jordi Pujol. Tampoco estoy diciendo ahora que a éstos haya que inmolarlos públicamente. Digo que hay grandes diferencias de trato, que la pena mediática –la pena de telediario, la llaman muchos- da por supuesta la decisión que no ha tomado el juez y, en consecuencia, que Rato, cuyas fortunas familiares también acaban convirtiéndosele en reproches, ha sido objeto de una presunción de culpabilidad deducida de un gran espectáculo mediático derivado en linchamiento. A ver quién lo supera. Pero ojalá nadie lo supere nunca.