La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Propaganda disfrazada

En la campaña de las elecciones europeas se ha vuelto a producir, a espaldas de los ciudadanos, una maniobra que condiciona y adultera la información que las televisiones ofrecen de la actividad de los partidos políticos, información básica para que muchos votantes terminen de perfilar su opinión y elegir sus candidatos. Es una manipulación que viene sucediendo en todas las elecciones españolas, pero no por reiterada y desconocida es menos dañina. Más bien, todo lo contrario: su clandestinidad y reincidencia agravan sus efectos.

Los espectadores que el pasado día 23 vieron el Telediario de las 9 de TVE pudieron tener un indicio de la artimaña cuando, al término de la última información ofrecida sobre la campaña, el presentador Marcos López refirió una suave denuncia profesional con estas palabras:

“Toda esta información que acaban de ver ha sido elaborada conforme a los tiempos que la Junta Electoral otorga a cada partido en función de su resultado en anteriores comicios. El Consejo de Informativos de TVE muestra su desacuerdo ante esta fórmula y considera que la información electoral debería elaborarse siguiendo criterios exclusivamente periodísticos”.

La protesta tenía sentido pues la información en las televisiones y parte de las radios sobre las actividades de los candidatos ha sido secuestrada a los profesionales de los medios para acabar en manos de los propios candidatos, o sus partidos, que es lo mismo. Desde el principio de la democracia, se ordenó a las televisiones y radios públicas que ofrecieran información condicionada en su extensión por los resultados obtenidos por los candidatos en elecciones previas similares, de modo que quienes mejores resultados alcanzaron entonces tendrán derecho a mayores tiempos.

Esta norma se empezó a aplicar también a partir de 2011 a las televisiones privadas, mediante una reforma, que se le ocurrió al Gobierno de entonces, de la ley orgánica del Régimen Electoral General. De esa manera, todas las televisiones han tenido que condicionar sus espacios informativos al límite de tiempo previamente fijado para cada candidato, sin tener en cuenta el interés informativo de la “noticia” electoral que se ofrecía. Los autores de la medida pretenden auspiciar el pluralismo, pero lo que consiguen es encubrir la propaganda política como información.

En la realidad, la ley no solo obliga a ofrecer una información artificialmente valorada, puesto que la extensión de una noticia es un signo de su importancia, sino que, a la larga, permite el dominio de los contenidos por los protagonistas. El resultado es propaganda política, que sería una comunicación tan legítima como la publicidad si no fuera porque es propaganda disfrazada. Estamos ante una alteración de las normas elementales de la actividad informativa, con el resultado de una agresión al derecho a la información de los ciudadanos.