La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Podemos no ama la transparencia

Qué propone Podemos para implantar sus objetivos es la incógnita más extendida en los ámbitos de la comunicación, de la política, de la economía y en general de la opinión pública. Ni siquiera una parte de la opinión pública que apoya a Podemos –es decir, quienes han votado a su secretario general y quienes anuncian en las encuestas que le entregarán su voto- sabe con certeza lo que proyecta. Porque la especialidad de la actuación de la cúpula de Podemos, consolidada este fin de semana como el órgano de autoridad del movimiento ciudadano convertido en diez meses en partido político tradicional, consiste en denostar el sistema político español y en evitar concretar y explicar sus soluciones. La transparencia no es cosa suya, la exige para los demás pero no se la aplica a sí mismo.

Podemos ha crecido rápidamente apoyado en dos vehículos impulsores. Por un lado, su crítica persistente y demoledora, en un momento en que la crisis económica horada el aguante físico de muchos y en que el conocimiento de casos de corrupción política alcanza un cénit inaudito. Nunca como ahora había existido terreno tan abonado para la descalificación exterminadora del sistema, aunque no sea cierto que la democracia de 1978 haya estado exenta de crítica. En tres décadas se han editado y hoy siguen editándose innumerables ensayos sobre defectos y soluciones del sistema. Yo mismo, y ustedes perdonen la autocita, publiqué con Javier Tusell, amigo prematuramente fallecido, dos estudios que titulamos El secuestro de la democracia (Plaza Janés, 1990) y La crisis de la democracia en España (Espasa, 1997). La democracia es el único sistema que se apoya y se alimenta de la crítica porque la utiliza para mejorar. Lo que ha encontrado Podemos ahora es una corriente de indignación, se sufrimiento y de fatiga que nutre y catapulta su diatriba.

El segundo impulso se lo prestan a Podemos algunos medios de comunicación, entre ellos tres emisoras de televisión generalistas, Cuatro, Telecinco y laSexta, que desde hace tiempo han facilitado sus estudios para la exhibición de Pablo Iglesias y sus adjuntos en la dirección del movimiento. En frecuentes ocasiones, es un amable préstamo guarnecido por presentadores complacientes y aplausos artificiosos –los efectos especiales de la televisión-, que estallan tras sus palabras y huelgan tras las de sus discrepantes. Este sábado se preguntaba Arcadi Espada en Telecinco, con intención provocativa y denunciadora, por qué nunca le aplaudían a él. Es que los de Podemos se sientan y se sienten en esas televisiones como en campo propio. Los televidentes entienden enseguida que juegan en casa.

Con tantas horas de televisión, parte de ellas en momentos de máxima audiencia, los de Podemos no han desmenuzado su programa sino que han continuado con su empeño de romper el sistema, de acabar con el régimen de la transición, como anuncia Pablo Iglesias. Su discurso en un noventa por ciento consiste en desprestigiar a los gobernantes, a las instituciones y las leyes de esta democracia. No les importa que éste haya sido ya el período de libertad y de progreso más largo y fecundo de la historia de España. Les interesa presentar la crisis económica, con sus efectos graves en parte de la población, y la corrupción como la esencia del sistema, que, en consecuencia, se ha ganado su destrucción que ellos se disponen a ejecutar. Ese mensaje simple, sin profundidad y sin matices, atado al dolor de parados y desposeídos, les ha funcionado y les augura apoyo electoral.

El diez por ciento restante de su discurso alude a sus propuestas, presentadas con tanta indefinición que hoy nadie de fuera puede precisarlas. Ellos desde dentro son los primeros que no las definen. Antes de las elecciones europeas de mayo, en que se dieron a conocer, hablaron de medidas improvisadas, irreales e imposibles como el impago de la deuda, la implantación de una paga para todos los ciudadanos o el adelanto de la edad de jubilación, pero todos esos proyectos están cambiándolos a medida que detectan un crecimiento de su apoyo popular, y ni concretan ni se mojan. Están asediados por su incertidumbre y por la preocupación de no asustar a una parte de sus declarados votantes y, por supuesto, a los observadores y a las instituciones internacionales. La protesta insolente en la calle no construye un programa de gobierno.

Podemos oculta incluso su ideología. Procede del comunismo pasado por experiencias latinas, de modo que Izquierda Unida es su socio natural y será el principal damnificado por su crecimiento. No obstante, tiene la osadía no ya de negar su identidad sino de situarse en el centro del abanico político, lo cual más que estrambótico es injurioso para sus militantes. Pero edulcora su mensaje para hacerse presentable a muchos que ahora se le acercan y que saldrían/saldrán corriendo al conocer su verdadera identidad. Podemos está en actitud camaleónica, para lo que se sirve de no practicar la transparencia, eso que exige a todos los demás.