La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Pitos al himno nacional. No hay un derecho al insulto

En la final de la Copa del Rey de baloncesto, los aficionados del Barcelona pitaron contra el himno nacional y contra el Rey Felipe VI. Como otras veces hemos dicho, esta reacción contra el símbolo de la nación y la primera institución del Estado es una manifestación de opinión. Pero inmediatamente hay que añadir que no se puede olvidar que la emisión de opiniones genera una responsabilidad para sus autores.

El desprecio al himno y al Rey de España en el que insisten los aficionados del club catalán significa una ofensa a quienes se sienten españoles, como una pitada a la Marsellesa es una ofensa a quienes se sienten franceses. Nadie se puede extrañar de que los ofendidos repliquen en el uso de su libertad de expresión, que es un derecho de todos, y califiquen a los ofensores de la manera más conveniente que encuentren.

No hay duda –y esto lo repiten muchos aficionados- de que el ataque a lo español por parte de una afición de un club de futbol y de baloncesto lleva a considerar a tal club como anti español. Durante mucho tiempo, en el estadio de futbol del Barcelona se ha exhibido una enorme pancarta, que se leía perfectamente por televisión, con la leyenda “Catalonia is not Spain” y en los momentos de mayor intensidad de la locura política independentista de Artur Mas, el club hizo una declaración explícita en su apoyo.

En la final de la Copa de baloncesto, celebrada en Las Palmas, los aficionados del Real Madrid y el resto de público canario replicó a los pitos con fuertes y continuos aplausos mientras duró la música del himno, por lo que la agresión fue menos advertida que otras veces. Eso fue posible por una mayor asistencia de espectadores dispuestos a defender sus símbolos nacionales, que lograron tapar los insultos de la minoría que se había desplazado hasta el pabellón canario.

Algunos aficionados se pronuncian en sus comentarios a los medios a favor de que los pitos al himno nacional sean considerados despectivos para los españoles. Recuerdan en sus comentarios que ahora se está vigilando en los recintos deportivos la reacción del público y que se sanciona la emisión de gritos insultantes o despreciativos desde las gradas para impedir comportamientos xenófobos o simplemente ofensivos.

La libertad de expresión es un derecho de todos, pero no incluye un derecho al insulto. Quien ofende se hace responsable de esa agresión.