La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Periodistas en campaña

La súbita adhesión popular a Podemos es un movimiento que alcanza por ahora a gente muy variada. Las encuestas electorales dicen, por ejemplo, que significativos porcentajes de votantes del PSOE y del PP declaran apoyar a los populistas. Aunque sea difícil de creer que a la hora de la verdad gentes del centro izquierda y del centro derecha den un salto hacia la extrema izquierda, estamos viendo que profesionales diversos se muestran encandilados por la nueva formación que proclama su seguridad en la conquista del poder. Entre esos profesionales se encuentran también algunos periodistas.

Los periodistas tienen, como cualquiera, el derecho a tomar posiciones y, en el campo político, el derecho de apoyar la opción que deseen. No hay leyes que les obliguen a abstenerse de afiliaciones como las que afectan a militares y otros funcionarios públicos. La independencia personal de los periodistas, en especial de los que se dedican a elaborar y difundir información, no es un requisito legal sino un deber profesional para con los ciudadanos. Los periodistas cuando opinan son muy libres de posicionarse junto o frente a un partido político, aunque lo ideal es que, como decía Walter Cronkite, a un periodista no se le note a qué partido vota. Pero la independencia personal es un imperativo ético para los informadores, que están obligados a realidad un esfuerzo de distanciamiento del objeto de sus informaciones para cumplir de la mejor manera posible su deber de ofrecer la verdad en sus noticias.

Estas reflexiones, que no son más que una glosa de la deontología elemental del periodismo, vienen a cuento de lo que he leído en una noticia de El Confidencial Digital sobre la preocupación que sienten los dirigentes de Podemos por la investigación que realizan sobre ellos distintas entidades como Hacienda, el CNI y los grandes partidos. La noticia precisa que los jefes de Podemos conocen esas acciones por los periodistas, aunque no precisamente por las informaciones que difunden: “Tenemos -dicen- amigos periodistas en muchos medios, muchos más de lo que se imagina la gente, y sabemos lo que se está cociendo“.

O sea, que hay muchos periodistas, más de los que imaginamos, que colaboran con Podemos desde los medios que los tienen contratados para hacer todo lo contrario, que es informar a los públicos que esperan sus noticias. Prestar una información relevante a un partido político, a un Gobierno, a un grupo de presión, a una empresa, es una grave adulteración del proceso informativo. Equivale a servir información personal privilegiada, ésa que en el campo económico está prohibida y sancionada.

Con esos métodos, con esos periodistas, nunca existiría no ya periodismo de investigación sino ni siquiera información fiable de los sucesos de cada día. La relación del periodista con sus fuentes informativas personales es una tarea muy delicada, en la que hay que evitar el servicio a esas fuentes, no siempre fácil, es cierto, para poder realizar el servicio periodístico al público. Solo los periodistas que tienen clara esta división de campos son los que consiguen información fiable y cumplen con su deber.

Los informadores que entregan su información a un partido político, sea Podemos, sea cualquiera, no hacen periodismo sino colaboracionismo. Es un proceder tan alejado de lo que manda la ética periodística que lo mejor que se puede desear de ese aspecto de la noticia que comento es que sea falso, que esos periodistas en campaña, tan numerosos, solo sean producto de la fantasía de quien ha hecho la declaración.