La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Pablo Iglesias no concede entrevistas sino mítines

Si hay algo que Pablo Iglesias, secretario general del nuevo partido Podemos, tiene ensayado es el arte de torear las preguntas que se le hacen. Torear: conducir hábilmente un asunto que se presenta difícil o embarazoso, según la séptima acepción que la RAE dedica al verbo. Fracasó en la Sexta el 16 de noviembre ante Ana Pastor, que le asedió con preguntas precisas y le impidió irse por las ramas, hasta tal punto que salió de allí diciendo que tenía que estudiar más. Veinte días después, el 5 de diciembre, demostró haber terminado de aprender la lección porque en el Canal 24 Horas de TVE por poco no deja hablar a su entrevistador y a su acompañantes.

La táctica de Iglesias no es nueva pero en esta última ocasión ha sabido aplicarla con habilidad para convertir una entrevista en un discurso. Consiste en ocupar el tiempo destinado a las respuestas con argumentos más o menos relacionados con las preguntas, hablando largo y deprisa, con pausas mínimas y aludiendo a otros temas para, por un lado, evitar contestar a lo que se le pide y, por otro, plantear asuntos ajenos hacia los que conducir la atención de los telespectadores y, si llega el caso, de los entrevistadores.

Iglesias utilizó también la queja y hasta la agresión a sus interrogadores, con la intención de intimidarlos y situarse por encima de ellos. Empezó reprochando al conductor del programa que hubiera tardado tanto tiempo en invitarle y ni siquiera le agradeció la convocatoria, que atribuyó a las presiones de “empleados de la casa”, y llegó a condenar conductas a otro periodista del programa expuestas con atropello y precipitación sin darle la oportunidad de explicarse. Se permitió también intercalar en su verbosidad acelerada continuas autopreguntas que se respondía de inmediato y le permitían encaminar sus especulaciones hacia los asuntos que le interesaban.

La supuesta entrevista fue escasa en precisiones y abundante en conjeturas. Iglesias no concretó los cambios en el programa del partido, aseguró que habría más dinero con más impuestos a los ricos sin especificarlo con rigor, trató de indefinirse políticamente, cantó las excelencias de sus medidas económicas a pesar de reconocer que no las habían determinado, despachó por la tangente las denuncias sobre su colaborador Iñigo Errejón, eludió la acusación de haber defraudado con el IVA, mientras insistía en sus críticas despectivas ya conocidas a la clase política, en su rechazo a la Constitución y en la jactancia sobre las posibilidades electorales y de gobierno de su partido.

Con todas las imprecisiones y conjeturas que volcó sobre la mesa, Pablo Iglesias salió airoso del trance pues consiguió no tener que concretar asuntos que a todos los políticos se les requieren. La entrevista fue insólita en el sentido de que no se le habría permitido a otro político, de hecho no se le permite porque es práctica periodística repreguntar cuando se escabulle. Quedó claro que Podemos vive de atacar a los demás y de ocultar sus intenciones. La transparencia no es cosa suya, lo que no les impide exigirla a todos los otros.

Para mantener su estrategia, Iglesias tiene que transmutar una entrevista en un mitin, que es lo que hizo. Cuando se andaba por los márgenes de lo que se le inquiría y hablaba sólo de lo que le interesaba, la actitud de Iglesias encajaba en aquel espacio también de televisión que hacía el sempiterno director de La Codorniz, de apellido casi coincidente, Álvaro de la Iglesia, bajo el título “Usted pregunte lo que quiera que yo responderé lo que me dé la gana”. La diferencia es que aquél era un programa de humor y la huida de Iglesias por los cerros de Úbeda para esquivar ofrecer información es un agravio al público y no tiene precisamente gracia.