La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Once años para sentenciar un atropello

Once años es lo que ha tenido que esperar un discapacitado para ver satisfecha su demanda contra un programa de televisión que lo vejó y ridiculizó. El programa demandado, de “Crónicas Marcianas” de Tele 5 que hoy muchos ya no recordarán, se emitió el 16 de octubre de 2002 y el Tribunal Constitucional redactó con fecha 16 de diciembre de 2013 la sentencia que se acaba de conocer. En medio se han sucedido una sentencia del Juzgado de 1ª Instancia de Arona que necesitó dos años (27-12-2004), otra de la Audiencia de Santa Cruz de Tenerife que consumió otro año (1-2-2006), una más del Tribunal Supremo que demoró cuatro (19-1-2010), además de un auto al año siguiente, y por fin la del Constitucional de ahora.

No es de recibo que un caso precise de once años para ser descifrado jurídicamente; y menos en el ámbito de la comunicación, en el que las cosas transcurren a mayor velocidad que en otros mundos. Once años después, no solo la opinión pública ha perdido el recuerdo de lo que pasó –en este caso, la humillación que sufrió un discapacitado a la vista de todos y el jolgorio de algunos- y carece por tanto de la referencia necesaria para valorar la sanción del tribunal, sino que la víctima -y en este caso también sus padres, que le acompañaban en la demanda- habrá sentido destruido su derecho a recibir una satisfacción moral y una compensación justa.

El retraso es aún más lamentable por cuanto se trata de una decisión sobre eso que se ha llamado popularmente “televisión basura” –así la apodan hasta quienes la consumen– en la que son tan frecuentes las transgresiones que lesionan los derechos de la personalidad. En muchos de esos programas se evidencia una falta de conocimientos básicos sobre un asunto tan elemental como es el respeto a los otros. El Tribunal Constitucional viene reiterando una doctrina precisa sobre la materia, pero le resta eficacia la tardanza de sus decisiones, no imputable solo a él sino a la cadena de recursos en que tantas veces se traduce la acción de la justicia y al tiempo que se toman las distintas instancias.

Esta sentencia del Constitucional condena a los demandados –Tele 5, Javier Sardá, director de “Crónicas Marcianas”, y Javier Cárdenas, autor de la entrevista al discapacitado- por una lesión al derecho al honor y a la propia imagen de éste. Lo hace después de anular una sentencia previa del Tribunal Supremo, exculpatoria por una cuestión técnica que la hacía “irrazonable” según el fiscal, y reiterando su doctrina que se condensa en que el derecho a la información decae ante el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen cuando el hecho sobre el que se pretende informar no está concernido por el interés público. En este caso, el Tribunal lo razona así:

El valor preferente del derecho a la información no significa dejar vacíos de contenido a los derechos fundamentales de las personas afectadas o perjudicadas por esa información, que han de ceder únicamente en la medida en que resulte necesario para asegurar una información libre en una sociedad democrática (…). De modo que la legitimidad de las informaciones que impliquen una intromisión en otros derechos fundamentales, como el derecho al honor, requiere no sólo que la información cumpla la condición de la veracidad, sino también que su contenido se desenvuelva en el marco del interés general del asunto al que se refiere (…) sin que baste a tales efectos la simple satisfacción de la curiosidad ajena”.

El alto Tribunal es severo al describir y enjuiciar lo que ocurrió en el programa de Tele 5:

La información y la actividad desarrollada en el programa “Crónicas Marcianas” con don J.C.H.A. [se oculta el nombre completo de la víctima] carece, desde cualquier perspectiva, del interés público y la relevancia pública necesaria para que esté cubierta por el ejercicio de esa libertad por profesionales de la información y, muy al contrario, resulta una clara intromisión y abuso de sus derechos fundamentales al honor y a la propia imagen. (…) La entrevista realizada por don Javier Cárdenas al señor H. (…) no sólo carecía de valor informativo alguno, sino que, además, fue realizada únicamente con propósito burlesco, para ridiculizar al entrevistado, poniendo de relieve sus signos evidentes de discapacidad físicas y psíquicas, animus iocandi que fue advertido tanto en la Sentencia de primera instancia como en la dictada en apelación, e incluso en la recaída en casación, que consideró poco ética la actuación del medio televisivo”.

La sentencia, de la que ha sido ponente Adela Asúa, catedrática de Derecho Penal, magistrada propuesta por el Parlamento Vasco, merece una lectura detenida. Aquí se encuentra su texto íntegro . Aborda una materia muy presente en tantos espacios de la comunicación, especialmente en televisión y también en la variada multitud de internet.