La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: “No soy un espía; soy un periodista”

Dos organizaciones estadounidenses dedicadas a la defensa de los derechos humanos han puesto en la picota al Gobierno de Barack Obama por sus prácticas de interceptación masiva de las comunicaciones, que -dicen- perjudican gravemente al derecho a la información de los ciudadanos, además del derecho a la asistencia letrada. Tales organizaciones, Human Rights Watch y la American Civil Liberties Union, dos entidades de prestigio en la defensa de los derechos humanos, realizan estudios sobre el respeto que se les tributa en todas las zonas del mundo y a veces han recibido ataques y descalificaciones de parte de regímenes izquierdistas y sus secuaces. Ahora enfocan a su propio país para denunciar prácticas inaceptables.

Su informe conjunto, realizado con decenas de entrevistas a periodistas, abogados y funcionarios del Estado, ratifica que la política de interceptación de las comunicaciones dificulta el trabajo informativo hasta perjudicar seriamente la obtención y la circulación de informaciones, así como el derecho a la defensa personal en el ámbito judicial. “Las interceptaciones están socavando la libertad de los medios de comunicación, el derecho a la asistencia letrada y están impidiendo que el pueblo estadounidense obtenga la información necesaria para hacer que el gobierno rinda cuentas por su actuación”, resume HRW el informe en su web (http://m.hrw.org/es/news/2014/07/28/interceptaciones-de-ee-uu-danan-el-periodismo-el-ejercicio-del-derecho-y-la-democrac), donde también se puede consultar el texto completo (http://m.hrw.org/node/127364).

 

El documento recoge declaraciones de periodistas que revelan que aplican en su trabajo “técnicas complejas en un entorno de gran incertidumbre” para intentar proteger a sus fuentes informativas. Con ese fin usan “lenguaje encriptado y computadoras totalmente aisladas (que no entran en contacto con redes inseguras, incluido Internet)” y llegan a utilizar telefonos desechables y a evitar por completo las comunicaciones electrónicas. Los periodistas consultados se muestran preocupados por que puedan ser percibidos como sospechosos por el público. Uno de ellos confiesa lo que parece ser, dice, el sentimiento de muchos: “No quiero que el gobierno me obligue a actuar como un espía. No soy un espía; soy un periodista”.

 

Con los datos obtenidos, las dos ONGs certifican que “muchos de los programas de interceptación existentes son indiscriminados o excesivamente amplios, y atentan contra la libertad de expresión, el derecho a la asistencia letrada y a la facultad del público de exigir que su gobierno rinda cuentas por sus actos“. No hacen falta más palabras para sentenciar que el espionaje masivo implantado por la administración Obama resulta una ofensa a derechos humanos básicos y, en consecuencia, al propio sistema democrático. Es una trágica paradoja que el desarrollo tecnológico, que ha ofrecido posibilidades de comunicación como nunca a cada individuo, permita graves atentados sin precedentes a los derechos humanos; o sea, que el progreso sirva para implantar un regreso a las oscuridades del pasado. Todo ello por una voluntad política de dominio que ha traspasado los límites de su legítimo ejercicio.