La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Los riesgos de eliminar una fotografía

Retirar de la circulación una noticia en una dictadura tiene un efecto infalible: nadie se entera de su existencia en el momento (otra cosa es lo que la investigación histórica descubra en el futuro). Retirar de la circulación una noticia en un sistema abierto tiene también un seguro efecto: acaba obteniendo más difusión de la que lograría en condiciones normales. Esto último es lo que ha ocurrido con una fotografía de François Hollande, foto sin ningún interés, que ha adquirido insólita notoriedad precisamente por la decisión de sus distribuidores de vetarla.

El presidente francés aparecía en la foto “con cara de tonto”, según la expresión que emplea la información que relata el incidente, durante la inauguración de curso en un colegio. Lo cierto es que la foto no le favorece, su gesto recuerda al excéntrico Mr Bean. Pero todos los rostros populares acaban apareciendo deformados alguna vez, o muchas, entre los millones de fotografías que tienen que soportar. Es un riesgo del oficio. Lo que engrandece el riesgo es señalarlo con el dedo. hollande

Y eso es lo que hicieron la Agence France-Presse (AFP) y luego también la agencia Reuters, al pedir a sus abonados que no difundieran la fotografía. La reenviaron tachada y con el mensaje “mandatory kill”, anulación obligatoria. Reaccionaron tarde porque lo correcto habría sido excluirla del servicio ya que un gesto infortunado –y quién no los hace- no es muestra de un modo de ser. Una vez cometido el error, la rectificación convertida en noticia lo acrecentó. Inmediatamente, la foto ya circulaba por los canales ultra-ágiles de internet y fue colocada en sus webs por medios informativos como ilustración de la noticia. Se ha dicho que la decisión de las agencias no respondía a una petición del Elíseo, pero para el caso es lo mismo: el morbo da alas a un veto en las actuales circunstancias en que cada usuario decide sobre la propagación de mensajes.

Hace unos años en España, una fotografía “recortada” causó, salvadas las distancias, similar efecto. La agencia Efe eliminó de su servicio la imagen de un tropezón que Carmen Romero, esposa de Felipe González, presidente del Gobierno, había sufrido durante un viaje oficial a México el 6 de junio de 1983. A partir de ahí, la noticia no fue un simple traspié sino la decisión de la agencia y, tras las protestas de algunos periódicos, la posterior transmisión de una foto del incidente manipulada en la que solo aparecían los rostros del matrimonio. La caída accidental de Romero, por pisarse su vestido largo, habría sido un detalle menor hoy olvidado; pero el veto la resaltó y ahora incluso se encuentra el rastro del suceso en internet, que en aquel momento ni existía.

El paradigma actual de la comunicación nada tiene que ver con el de hace escasamente dos décadas. Hoy la evaluación de los contenidos informativos ha perdido alcance y eficacia ante la infinidad de ojos que contemplan la escena desde los más de dos mil quinientos millones de terminales de internet. Ya no son unos pocos quienes determinan lo que se conoce. Aquí está la prueba: dos de las principales agencias de noticias (la más antigua, AFP, y la mayor de todas, Reuters) fracasan en su intento de retirar un mensaje. Intento legítimo, dentro de la responsabilidad periodística de seleccionar la información, pero superado por la dilución del poder de decisión sobre los mensajes que ha operado internet.