La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Los nuevos políticos se ocupan de llamar a los fotógrafos

La retirada del busto del Rey Juan Carlos por la alcaldesa de Barcelona fue precedida de una gestión ignorada por los ciudadanos pero esencial para la nueva política: la convocatoria de los fotógrafos de Prensa y los cámaras televisivos con el fin de que levantaran acta gráfica de la gran decisión. La alcaldesa Ada Colau ni siquiera avisó a los grupos municipales, que se enteraron de la decapitación del rey honorífico una vez consumada, pero sí a los periodistas. Dispuso una puesta en escena que asegurase que nadie le impediría hacer por su cuenta lo que tenía que ser acordado en pleno y que los medios lanzarían velozmente a los cuatro vientos su calculada proeza.

Esta preferencia de los nuevos políticos por la comunicación sería de agradecer como una prueba de transparencia si no fuera por el impúdico utilitarismo que la preside. Si Ada Colau hubiera querido hacer las cosas bien, habría planteado su propósito en el pleno y habría luchado para que los concejales se lo aprobaran. Pero decidió algo más fácil y demagógico. Encargó a dos empleados que apearan el busto de su pedestal y lo empaquetaran, en ausencia de los miembros de la corporación salvo dos de sus colaboradores pero en presencia de una nube de fotógrafos y de cámaras de televisión. Era tanto el interés de Colau y su equipo por las imágenes que se llegó a ¡repetir la retirada del busto! para asegurarse de que la gesta del descabezamiento quedaba convenientemente grabada (El Mundo,  24/07/15).

Todos los aspectos de la operación son discutibles, empezando por las razones que ha aducido la alcaldesa: es que su ayuntamiento tiene, dice, “profundas convicciones republicanas”, lo que significa, siendo ese el motivo, que no tiene precisamente profundas intenciones de respetar las convicciones del conjunto de los ciudadanos a quienes se debe. Pero aun aceptando su imperioso republicanismo, no puede pretender que se apruebe su proceder por cuanto ha incumplido desde ese momento la norma que exige la presencia de un retrato o una figura del Rey, o sea, el sucesor del excluido. Ya dijo en los primeros días que incumpliría las leyes que considerara injustas, un principio arbitrario y por eso antidemocrático, que está llevando a la práctica.

El desembarco de los nuevos políticos ha dado en pocas semanas pruebas de su capacidad de gestión, que hasta ahora se ha traducido en escasas medidas para resolver los problemas de las ciudades y mucho fuego de artificio (viajes en metro, desplazamientos en bicicleta, ausencias de actos tradicionales, elucubraciones sobre cambios de nombres de calles y edificios…). Y siempre que les ha interesado, han echado mano de la imagen como un instrumento de su acción política. La imagen periodística, más que un acto de comunicación, es en sus intenciones un acto de reivindicación propia. Lo que lo convierte, en suma, en un acto de apropiación.