La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Los españoles están desnudos de argumentos

Mapas. Mapa de Cataluña con la bandera de España sobreimpresionada.La actividad separatista en Cataluña se apoya en una potente campaña de propaganda. La clave operativa del plan de la Generalitat es la desobediencia a los tres poderes del Estado (no cumple la ley, no acata las sentencias, no respeta al Gobierno) mientras se aprovecha de los fondos públicos que le llegan del resto de España, pero la actividad propagandística que realiza de forma contumaz le presta una cobertura de legitimidad –que es falsa pero resulta aparentemente verdadera– a la que muchos españoles son incapaces de replicar porque se les ha dejado desnudos de argumentos.

Hay contiendas que se ganan o se pierden en el campo de la opinión pública y esta de la secesión de Cataluña está más cerca de la derrota para España porque quien tenía que replicar no lo ha hecho o lo ha hecho suavemente o se ha cambiado de bando. La propaganda separatista divulga algunas mentiras groseras que nadie se ocupa de rebatir con vigor suficiente y tal clamorosa falta de impugnación las dota de energía para circular y confundir a gente que, si dispusiera de argumentos, las replicaría para defender lo que es suyo y le quieren arrebatar.

Entre tales mentiras se encuentran el origen del conflicto (una guerra de sucesión entre dos Casas Reales en el siglo XVIII que tratan de disfrazar como un avasallamiento de Cataluña) y la posesión del derecho a decidir sobre el art. 2 de la Constitución, “la indisoluble unidad de la Nación española” (que se pretende para solo los catalanes y se niega para el resto de los españoles). Pero la mentira más letal es la que se concreta en el slogan “España nos roba”, puesto en circulación hace años y que sigue circulando como una verdad ya casi incontestable. Desde luego, incontestada.

Si el “España nos roba” es invención de un publicitario, se merece un fichaje estrella, porque ha dado en el clavo del secreto de la comunicación como pocas veces ocurre. Esa frase rotunda ofrece seguridad retórica a quienes pretenden desprestigiar a la nación que supuestamente abusa de ellos y justifica su reacción combativa. Es falsa, porque Cataluña recibe del fondo común más que otras Comunidades, y revela una deshonesta actitud insolidaria de sus dirigentes con el resto de España, pero tiene una formidable eficacia aglutinadora de los propios y destructora de los contrarios.

Es un slogan que se merece réplicas que lo frenen y que repongan la verdad, pero lo que nos encontramos desde hace mucho tiempo es una renuncia a combatirlo en firme. Hoy, desde muchos rincones de España se tiende a pensar que lo que hacen los catalanes que protestan es reaccionar ante un tratamiento discriminatorio del poder central y muchos catalanes que hasta hace bien poco se sentían cómodos en su España de siempre no se privan de dar la razón a los nacionalistas que al fin y al cabo dicen estar denunciando una arbitrariedad. Es el triunfo tóxico de la mentira.

Los españoles están desnudos de argumentos ante la presión catalanista. Pedid en la calle una respuesta y encontraréis silencio o réplica encendida pero no razonada. Lógico, porque la impugnación suficiente no la ha expuesto nadie con la adecuada autoridad para convencer y tranquilizar a quienes dudan. La dimisión de los poderes del Estado empezó cuando la Generalitat incumplió una ley y nadie movió un dedo, cuando desobedeció una sentencia y nadie obligó a su acatamiento, cuando empezó a gastar el dinero de todos en su proyecto secesionista y nadie suspendió la dádiva.

Y la dimisión continuó con la afonía ante la propaganda embustera. Dimisión que tiene muchos responsables: el Gobierno anterior, que dio alas al nacional-separatismo y el Gobierno actual, que no se planta con vigor ante las transgresiones y las mentiras. Es verdad que el de hoy repite, y así lo ha hecho Mariano Rajoy, que la consulta que quiere Artur Mas es ilegal (después de que el de ayer alimentara la pretensión), pero su argumentario es insuficiente y esporádico, y no alcanza a responder con eficacia la campaña planificada e insistente de los nacionalistas.

Responsables son también los partidos político nacionales que se inhiben o colaboran con los secesionistas. De los cuatro que presentan candidaturas en toda la geografía española hay solo dos que son verdaderamente nacionales, que tienen España en la cabeza, el PP y UPyD. Uno de los otros dos, el PSOE, mantiene una actitud ambigua e intermitente a mitad de camino entre la denuncia y la colaboración, y el otro, IU, ha pasado a ser socio de la estrategia de los nacionalistas. A los primeros hay que sumar a C’s, Ciutadans, el partido catalán que defiende la españolidad de Cataluña.

Toda la gente informada sabe que Artur Mas se ha metido en un callejón sin salida que amenaza con encerrarlo de por vida y que los separatistas no son, por supuesto, mayoría. Pero los españoles que viven en Cataluña están desguarnecidos ante una propaganda contaminante, que también intoxica a los españoles del resto de España. Quienes pronostican que el problema catalán no acabará en ruptura piden que confiemos en ellos. Vale. Pero resulta que la previa batalla de la propaganda, tan decisiva tantas veces, van ganándola los otros.