La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: La rutina de la compensación (o el final del periodismo)

El periodismo consiste en extraer lo más significativo de la realidad de cada momento para, tras una justa valoración, ofrecerlo al público. Significativo: no digo simplemente interesante o curioso, ni por supuesto llamativo o extravagante. Su objetivo es facilitar el conocimiento cabal de una situación, del entorno, de todo aquello que condiciona o determina la vida. El periodismo fracasa cuando proporciona no claridad sino desconcierto y a ello puede llegar por torpeza en la selección de las noticias, por desacierto en su descripción o por exceso en los detalles.

No se tome esta relación de ineptitudes como una lista cerrada. Hay otras variadas causas, una de ellas infalible, que es la militancia política de los informadores. Pero quiero subrayar ahora, porque viene a cuento, un origen seguro de confusión: la rutina periodística de la compensación, que tiene mucho que ver con la táctica de la equidistancia, o sea, con el no mojarse cuando hay que hacerlo, y que suele dejar a los receptores de noticias, o más bien seudonoticias, con más interrogantes de los que hasta entonces tenían.

La compensación es una práctica que se inició entre nosotros en los medios públicos de comunicación con la llegada de la libertad informativa, a partir de 1975 (antes respondían inexorablemente al deseo del Gobierno, y punto), y hoy se ha convertido en un automatismo incluso en muchos medios privados que han seguido su estela. En periodismo también existen las modas. Hubo un tiempo en que el pronombre personal yo estaba desterrado de los géneros informativos pero ahora resulta que viste mucho anteponer la opinión personal a la descripción del hecho. Nunca retrocederemos lo bastante.

La rutina de la compensación consiste en ofrecer sobre un hecho tantas opiniones como se produzcan bajo la presunción de que eso es un tributo a la objetividad y a la verdad informativa. En el caso de las televisiones y las radios públicas, se centra especialmente en asuntos políticos y se desarrolla con la exposición de las opiniones de todos los grupos que tienen representación parlamentaria. Además de convertir la información política en un mejunje tedioso e indigerible, lo más probable es que cause en el sufrido receptor una perfecta confusión.

Acabamos de ser asaeteados por la información compensatoria sobre la reforma fiscal que prepara el Gobierno, y tras cinco días de opiniones, veredictos y conjeturas de todos los colores, apuesto a que el conocimiento que se ha formado la opinión pública es una retahíla de suposiciones sin seguridad alguna. Se podrá decir que todavía no hay reforma fiscal. Cierto. Lo que hay es una propuesta de reforma elaborada por un grupo de expertos para el Gobierno, pero retaría a los que se han enterado de ello solo por televisión a que dijeran en serio de qué se trata.

Tras la noticia de la propuesta, la televisión pública ha ofrecido, sin solución de continuidad, la descalificación del Partido Socialista, el rechazo de Izquierda Unida, la impugnación del sindicato UGT, la objeción del sindicato Comisiones Obreras, la contestación de UPyD, el repudio de ERC, la reprobación de un grupito de un diputado, de otro, de otro… y al final la defensa del partido del Gobierno, que interviene en el debate para rebatir a los detractores, no para informar a los telespectadores. Resultado: una escaramuza política que oculta la información que necesita el ciudadano.

La rutina de la compensación ha invadido la práctica periodística en todos los medios hasta el punto de que cuesta encontrar informaciones bien trazadas con opiniones relevantes –o sea, de gente que conoce el paño- sobre hechos verificados. Lo más frecuente es la noticia que se limita a reproducir opiniones enfrentadas como si ello fuera un tributo a la objetividad y no una forma segura de confundir, que es lo que es. Furio Colombo ha escrito precisamente que construir las noticias “acumulando grandes cantidades de opiniones ajenas lleva a la pérdida de la credibilidad y al final del periodismo”. Y yo no puedo estar más de acuerdo con él.