La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: La picota de Carmena

Cinco días después de su estreno por el nuevo Ayuntamiento de Madrid, el invento llamado Versión Original (http://madridvo.madrid.es/) permanece inerte con los cinco inalterados textos con que se inició. Ni una sola novedad después de su alardeada irrupción, lo que puede significar que no hay tanto desmentido que hacer a la maliciosa tropa periodística o que se han dado cuenta sus inciertos creadores de que, en vez de institucionalizar la rectificación permanente, son ellos quienes deben rectificar. Dudo de que hayan llegado a esta convicción, pero cuánto acertarían si cerraran esa página. No sería necesario ni que lo anunciaran; bastaría con que siguieran un tiempo sin añadir un texto a los cinco de la inauguración y dejaran la web callada y quieta, que es como mejor está. Yo les animo a ello.

Rectificar a periodistas no es un delito ni siquiera un resbalón político, aunque algún colega tenga por intolerable un desmentido. La rectificación es a veces necesaria para precisar los datos y es un derecho de todo el mundo. La rectificación cuando es adecuada mejora la información. Pero formalizar la rectificación definitiva e incontrovertible, como pretende el Ayuntamiento de Madrid, desde un espacio web en el que no se permite siquiera el comentario, la aclaración o la rectificación de la rectificación, equivale a un recelo que de entrada desautoriza la más simple función informativa.

Esto es lo que convierte la idea del equipo de Manuela Carmena en una mala idea. Yo no tengo tan claro como otros que esa web equivalga a una censura, que es un modo, más eficaz para su impulsor, de anular la información. Pero lo que el Ayuntamiento de Madrid hace con su Versión Original es establecer una picota para exhibir, como antes, la cabeza de los ajusticiados por la palabra implacable del funcionario de turno, no solo para acusarle de mentir o de equivocarse sino para que entienda que es mejor no meterse en líos de informar de según qué cosas.

Si el lector tiene el humor de adentrarse en la web, comprobará que los desmentidos del Ayuntamiento no son ni tan necesarios ni tan contundentes porque las noticias rectificadas informaban de hechos que están ocurriendo, como que en la corporación se baraja cambiar nombres de las calles o que se valora la imposición de nuevas tasas. Eso se desprende incluso de las palabras textuales de la portavoz y del concejal de Hacienda que se ofrecen en las denominadas rectificaciones. Sin embargo, el Ayuntamiento monta una alharaca como si los medios de comunicación estuvieran cercándolo con un aluvión de imprecisiones.

Lo que han hecho los medios ha sido condenar por unanimidad la picota de Carmena, en la que se ve la jactancia de la imposición de una verdad, mientras los datos pueden aclararse cuando sea necesario por la portavoz del Ayuntamiento, que para eso está, por cualquier otro concejal o por la propia alcaldesa. Pero también vislumbran los medios en ese montaje, y con razón, una desconfianza y unas intenciones de las que los populismos han dejado y dejan sobradas muestras. Véase la agresión contra la prensa independiente por el régimen venezolano, que tanto aprecian los populistas españoles, y recuérdese cómo Pablo Iglesias ha propugnado un control de la prensa privada. Al final todo conduce a la misma conclusión.

También la oposición ha rechazado la picota, incluido el Partido Socialista que le ha dado el poder en Madrid a los populistas de Podemos y otros compañeros, de lo cual se derivan precisamente estos problemas para todos. Si Carmena y su equipo atendieran el clamor, cerrarían ya esa página o al menos la dejarían morir discretamente para evitarse el espectáculo de una marcha atrás. Pero si siguen adelante con el invento, no se extrañen de que las más negras sospechas surjan por dondequiera y acaben recalando sobre sus cabezas.