La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: La “pena de telediario” y el trato de favor

Hace unos días califiqué de “pasmoso” (y perdonen ustedes la autocita, pero hace al caso) que el juez Santiago Pedraz justificara no pedir declaración al concejal Guillermo Zapata para no causarle “un plus de perjuicio moral (pena de telediario, pena de paseíllo, etc)” (palabras textuales del magistrado en el auto en el que lo exculpa), y luego comprobé que la fiscal, que ha recurrido el archivo del caso, se ha referido a esa decisión con terminantes palabras, porque entiende que la “pena de telediario” es un concepto “absolutamente extrajurídico” y “sin duda insólito” en una resolución judicial.

Subrayo las palabras de la fiscal Blanca Rodríguez no porque supongan una coincidencia con mi análisis, por supuesto y la duda ofende, sino porque pone los puntos sobre las íes que dejó en blanco el juez Pedraz. Para la fiscal, aducir la “pena de telediario” es anormal (Europa Press, 08/07/2015) “salvo que se considere que determinadas personas, bien por su posición social, económica o incluso política, gozan de unos privilegios que no se dan en los demás ciudadanos, lo cual crearía un precedente poco recomendable como criterio interpretativo en la adopción y ejecución de las citaciones y declaraciones judiciales“.

Zapata, concejal del Ayuntamiento de Madrid que aún sigue siéndolo a pesar de la querella por sus tuits contra las víctimas del terrorismo y del holocausto, recibió, según la fiscal, un trato de favor del juez, que dejó de realizar un trámite esencial, tomarle declaración, para evitar su exposición ante la opinión pública. Pasmoso, anormal, extravagante el privilegio. Elijan ustedes entre estos calificativos y todos los similares que se les ocurran, y acertarán.

La llamada “pena de telediario” es consecuencia de la actuación judicial sobre personas públicas, conocidas o populares. Aquí hemos hablado de ella en otras ocasiones, hemos lamentado el daño que causa a veces a determinadas personas y hemos rechazado cualquier forma de ocultación de las gestiones judiciales. Recuérdese la exposición pública que sufrió Rodrigo Rato durante la investigación de la policía judicial realizada en su domicilio en prime time. El problema no está en la actuación pública de la justicia, porque la publicidad es una garantía de su administración, sino en el sambenito con que se ha estampado a los investigados, imputados (nombre felizmente corregido) querellados o procesados, a los cuales en España se los considera por la opinión pública poco menos que condenados. Los políticos, como también hemos dicho aquí, tienen bastante responsabilidad en la anulación práctica del derecho a la presunción de inocencia por la exclusión de la actividad política de los incursos en los procedimientos previos de la justicia.

La “pena de telediario” es un daño gratuito a quien aún no ha recibido condena judicial, pero el modo de evitarla es prestigiar el derecho a la presunción de inocencia y no mediante privilegios como el que ha aplicado el juez Pedraz al concejal Zapata, que no tiene justificación alguna. La fiscal Rodríguez, en un recurso contundente (El Mundo, 08/07/2015)  desmonta con éste y otros argumentos el auto de Pedraz, que había librado al concejal ante la sorpresa y la indignación de víctimas de la violencia terrorista y de todos aquellos que entienden con toda razón que quienes insultan y ofenden a los demás se autoexcluyen de la política de la democracia.