La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: La muerte del periodismo

El escritor Gay Talese ha insistido estos días, en su viaje a España, en la necesidad de la recuperación del viejo periodismo. No puedo estar más de acuerdo con él. El periodismo se está ejerciendo hoy, en gran parte, con rutinas que no facilitan el descubrimiento y la elaboración de las noticias, porque muchos periodistas han abandonado la calle, el contacto con la realidad y la búsqueda de fuentes informativas, y se limitan a despachar comunicados y declaraciones sin una mínima y esencial comprobación de su veracidad y ni siquiera de su interés real para el público. El peligroso fenómeno lo explica Talese con estas palabras:

Si los periodistas tradicionales no hacen algo por mejorar, se van a extinguir. Estamos perdiendo la especialización, la singularidad, el arte del periodismo. En otras palabras, la carrera de periodista va a acabar reducida a un puesto de administrador, como un secretario. Habrán perdido el oído, la pluma, el cerebro. El periodista tiene que ser testigo de la Historia. Y si no de la Historia, por lo menos de la actualidad. Los reporteros tienen que llevar la contraria y no pueden hacer eso sentados en una habitación apretando botones. ¡Salir a la calle! Y siempre deberían mantener el escepticismo. Un periodista tiene que estar harto, enfadado con la situación y reaccionar. No pueden ser tan pasivos”.

Esta deriva la puede explicar la crisis, que ha mermado muchas Reacciones y no hay tiempo para ir a los lugares de la noticia y hablar con la gente, pero no sirve para justificarla, porque el alejamiento de la realidad no es absolutamente inevitable. Hace unos años, trabajaban en los medios menos profesionales que ahora y se hacía periodismo de confirmación, de indagación y de respuesta a las necesidades informativas. Lo que ha provocado el refugio de los periodistas ante una pantalla de ordenador ha sido, por una parte, la necesidad de elaborar diversas versiones de una misma noticia para distintos soportes y, por otra, el desarrollo de las fuentes de documentación, que no de información, gracias al impulso tecnológico.

Este modo de hacer periodismo, con los reporteros “sentados en una habitación apretando botones”, como dice Talese, ha derivado en un seguidismo del Gobierno, de los partidos políticos, de los grupos empresariales y sindicales, cuyas manifestaciones se circulan muchas veces sin justificación y cuyos actos se relatan con la asepsia que ocasiona la falta de verificación y la ausencia de contacto con las fuentes. Hace unas semanas escribí aquí sobre la rutina de la compensación, que consiste en ofrecer acríticamente, o sea, sin la necesaria valoración, opiniones de distintos grupos políticos sobre un mismo hecho, en la creencia de que eso favorece el pluralismo cuando lo más seguro es que provoca desinformación. La rutina de la compensación fue impuesta a la televisión pública por la presión de todos los grupos parlamentarios, hasta los superminoritarios, que exigen tener siempre voz e imagen, pero ha invadido todos los demás medios y actúa ya como enfermedad del periodismo y causa de confusión para el público.

En las últimas semanas, desde las elecciones europeas, gran parte del periodismo está desarrollando con el nuevo partido Podemos los tics y las inercias de quienes ocupan en las Redacciones “un puesto de administrador”. Hasta el momento hay más seguidismo que información porque lo que aparece en los medios es lo que quieren decir sus líderes, generalmente acompañado por la imagen de su número uno, Pablo Iglesias, que se está viendo favorecido por un periodismo que no demuestra siempre su voluntad de informar a fondo. Preguntemos a los lectores asiduos de periódicos, a los oyentes y televidentes habituales, y comprobaremos que carecen de información elemental sobre lo que propone Podemos, sobre su programa utópico e inaplicable y sobre su procedencia de la extrema izquierda ideológica. Los medios no han profundizado en ello sino solo en la imagen, lo más accesible, lo más barato y también lo más cómodo.

Se acusa a las televisiones, especialmente Cuatro y La Sexta, de haber promocionado la imagen de Iglesias, que habría tenido serias dificultades para despuntar electoralmente sin esa ayuda, y de seguir impulsándola con entusiasmo. Pero el resto de los medios no está informando de mucho de lo que de verdad importa. Esto no lo digo porque quiera que Podemos sea escrutado por el periodismo de modo exclusivo, sino porque la labor profesional informativa ha de alcanzar a todos, el Gobierno, los partidos, las empresas, los sindicatos, los grupos de presión… Y se está dejando de hacer con la inercia de permitir que sean los sujetos de la investigación informativa los que prescriban las noticias.

El periodismo tiene que preguntar, que perseguir, que desconfiar de la espuma de los acontecimientos, que investigar, ¡salir a la calle! y, si no, los periodistas acaban siendo secretarios, como dice Gay Talese, meros emisores rutinarios dependientes de lo que quieran decir otros, y no servidores con información relevante, significativa y veraz del derecho a la información del público.