La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: La cutretelevisión

Quienes hemos defendido como un principio irrenunciable la televisión privada nos vemos a veces obligados a responder a preguntas del tipo: ¿Para qué una televisión que chapotea en los charcos de la intimidad? ¿Para qué una televisión que se regodea en insidias y que deseduca a la sociedad con la exposición reiterada, y casi en exclusiva, de bajos comportamientos del ser humano? Lo primero que hay aceptar es que la sorpresa y la indignación de mucha gente están justificadas. Otra cosa es que el medio sea el culpable de la actividad que causa esos sentimientos.

La televisión privada era una conquista pendiente desde que se aprobara la Constitución de 1978 y el poder político retrasara injustificadamente su implantación. Al reconocer y proteger la Constitución el derecho a comunicar “por cualquier medio”, de acuerdo con la declaración de Derechos Humanos de 1948, la televisión de creación privada era tan legítima como la pública, pero el poder político se resistía a poner fin al monopolio público y encontraba además la ayuda de la insólita sentencia del Tribunal Constitucional de 1982 que proclamaba que la privada requería de una decisión política, haciendo así depender un derecho fundamental de una discrecionalidad administrativa. Pasaron aún seis años hasta que el Parlamento dio salida a la libertad de creación de empresa en el sector de la televisión, con una ley tardía y mejorable, pero al menos reparadora de una injusticia.

La televisión privada debe ser la norma, como ocurre en el sector de la Prensa, en el que cada vez hay menos medios públicos, o ninguno, como en España y en la práctica totalidad de los países libres. El enorme peso de la televisión pública en Europa es una consecuencia del nacimiento de la televisión en manos de los Gobiernos, pero irá menguando con el tiempo y el desarrollo tecnológico, que quita poder al control político. Pero es verdad que la privada, una parte de ella, ha producido fenómenos no queridos, como el que todos llaman de la basura, que concentra grandes audiencias y al mismo tiempo causa grandes frustraciones.

telebasura

El fenómeno de la basura no es exclusivo de la televisión. Contenidos similares se encuentran en algunas publicaciones de venta en quioscos. La diferencia está en que las revistas obligan al esfuerzo de acercarse al punto de venta y la cutretelevisión entra en los hogares casi sin previo aviso y esté quien esté ante la pantalla. Olvido Hormigos, la ex concejal socialista de Los Yébenes tristemente famosa hace unos meses por su intimidad aireada sin su consentimiento, se cuela desde hace unas semanas en los televisores y quienes no tenían noticia de ella pueden conocer hoy, porque así lo quieren ella y la televisión que la contrata, los detalles de sus aventuras y sus reiteradas peleas barriobajeras con otras figuras similares del sector.

La ex concejal es un producto de la televisión basura y al mismo tiempo una de sus víctimas. Ha pasado de trabajar en la política municipal y en un colegio a exhibir a los cuatro vientos sus líneas anatómicas y sus más o menos eróticas hazañas. En septiembre pasado, cuando protestó de que alguien difundiera en internet un vídeo de contenido sexual que se había autograbado en la privacidad de su domicilio, yo defendí en este blog  su derecho a que se respetara su intimidad. Pero aquel episodio quedó en nada ante su disparada nueva carrera: abandonó la política por la exhibición y hoy es una figura del griterío y de las hazañas de “fotos robadas” en playas y en rincones de la noche.

En las webs que se dedican a reproducir los sucesos de la cutretelevisión, quedó reseñado el episodio que gente normal no podía imaginar: la intervención de la madre de Hormigos mostrando la preocupación por la deriva de las gestas de su hija. ¡Y en directo!, lo que sin duda es motivo para el éxtasis de quienes mueven los hilos de la trama. Y todo ello se produce en medio de fuertes trifulcas con acusaciones mutuas en las que se acierta a oír, al parecer, epítetos tan significativos como “cerda”, “zorra” “gentuza” y otras injurias similares que los intervinientes parecen conocer bien.

Una de las causas del fenómeno es la obsesión por el espectáculo continuo que es norma de la televisión. Hasta los informativos están invadidos de espectáculo (por eso a veces la televisión informa deficientemente). Pero otra de las causas, y más importante, es la ausencia de una línea ética en la gestión de esos productos. Si la preocupación con que los políticos siguen las emisiones de la televisión pública, que analizan al milímetro, la tuvieran los responsables de esas emisoras privadas para aplicar unas mínimas normas de autocontrol -qué menos pueden ofrecer como muestra de respeto a los telespectadores-, gran parte de la basura desaparecería de la pantalla. Pero eso, de momento, es mucho esperar. Solo le queda al televidente la autodefensa del mando a distancia. Yo siempre he sostenido que una prueba de cultura es saber cambiar a tiempo de canal o desenchufar el aparato. Una prueba de cultura y hoy también de inteligencia.