La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: La contestación de los telespectadores

Tres grandes firmas comerciales han retirado su publicidad del programa “Campamento de verano” de Telecinco en protesta por el trato vejatorio dado a la mujer en ese espacio. Se trata de Burger King, Mutua Madrileña y McDonalds. La primera de estas compañías ha explicado que no quiere relacionarse “con ningún formato que contenga actitudes machistas, denigrantes o que puedan llegar a herir la sensibilidad de los espectadores”. Por el contrario, Coca Cola, que publicita en el horario del programa su producto Minute Maid, ha advertido que mantiene sus spots y ha reaccionado contra los ciudadanos que le piden ese gesto testimonial.

Esta es la segunda vez que de manera notable Telecinco sufre la contestación de los espectadores. Hace nueve meses, la retirada de los anunciantes tras la petición realizada por el bloguero Pablo Herreros le costó la desaparición del programa “La Noria”. Herreros requirió la protesta de las firmas comerciales, que consiguió, después de que se emitiera una entrevista realizada mediante pago a Rosalía García, madre de “El Cuco”, uno de los implicados en la muerte de Marta del Castillo. (Si usted quiere recordar aquel sobresaliente episodio pinche aquí  y aquí. Ahora ha sido Hazte Oír, que se define como “comunidad de ciudadanos activos”, la que ha tomado la iniciativa de reclamar desde su web la queja de los anunciantes contra quienes “denigran y atacan a la mujer”.

Los espectadores están en su derecho de revolverse contra un programa o un medio. Quienes quieren reducir la respuesta de los públicos a la acción de comprar uno u otro periódico, sintonizar una u otra emisora o a lo sumo practicar el zapping, menoscaban su derecho a manifestar su opinión, que incluye, por supuesto, la eventualidad de que sea positiva o negativa y el resultado de emprender demostraciones de apoyo o de repulsa. Si a quienes manejan los medios se les reconoce su capacidad para decidir su contenido, quienes los consumen no tienen menos derecho a exponer su opinión y, si es el caso, a exhibir su descontento o su repulsa y a recabar apoyos para que les llegue a los comunicadores la reacción que provocan.

Recuerdo que, hace unos años, una de las primeras protestas de una asociación de telespectadores fue tachada por algún célebre comunicador como un acto de censura. Han tenido tiempo de lamentar su gesto de prepotencia, producto sin duda de una concepción que encumbra al comunicador en una cúspide inaccesible. Pero, sorprendentemente, el argumento de la censura ha reverdecido en boca del presidente de la empresa Coca Cola España, que se ha negado a retirar su publicidad del programa de Telecinco. Marcos de Quinto ha aducido que su “obligación moral” es “impedir que nadie imponga su moralidad a otros limitando las libertades y reinstaurando la censura” (http://www.elsemanaldigital.com/articulo.asp?idarticulo=130656 ). Nada menos.

El uso desacertado del término censura por este empresario es evidente. Un rechazo a un medio de comunicación por el público, los anunciantes o los demás medios no puede ser nunca un acto de censura. Es un acto de libertad absolutamente legítimo. ¿O es que los públicos han de limitarse a ver, oír, leer y callar? Su argumento sobre la imposición de una determinada moralidad es también desafortunado. Porque ¿qué está haciendo la televisión basura sino exactamente eso? Y con la ayuda de quienes de una manera u otra la apoyan. Además es un silogismo oportunista, que en otras circunstancias su autor lo ocultaría: ¿o es que se anunciaría en un medio que disculpara el holocausto, en otro que condenara a los homosexuales, en uno que justificara el terrorismo (y lo amparara, como hizo Egin), o en otro que promoviera la violación? En “Campamento de Verano”, argumenta Hazte Oír, se ha denigrado y atacado a la mujer. ¿No es motivo suficiente? Aquí, en el blog de Betty Miró (http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/bettyzoom/2013/08/06/del-reality-al-porno.html ), hay una descripción bien explícita de la emisión: es imposible no indignarse.

Precisemos, no obstante, que la responsabilidad de una empresa que se anuncia en una comunicación degradante es limitada. No es autora de los contenidos y nadie puede achacárselos. Pero los medios existen porque la publicidad los sustenta y los públicos relacionan a los anunciantes con los medios que utilizan para promocionar sus productos. Es una reacción lógica. A fin de cuentas, la idea que los públicos se forman de un medio o de un programa acaba afectando a las firmas que se publicitan en él.

Por cierto, Hazte Oír se ha dirigido al resto de anunciantes en la franja del programa de Telecinco para que muestren su disconformidad. Entre ellos se encuentran ING Direct, Amena y Orange. La web de la “comunidad de ciudadanos activos”, que dirige Ignacio Arsuaga, está recibiendo miles de apoyos a su iniciativa. Ojalá siga cosechando éxitos. El control que la opinión de los receptores realiza de los medios es un control legítimo que en la mayoría de los casos mejora a los propios medios. Y ayuda a sus receptores.