La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: La bandera republicana

El  acto de enarbolar una bandera tricolor republicana se ha establecido entre nosotros como una protesta contra el sistema, y más durante estos días en que se ha cumplido la proclamación del Rey Felipe VI tras la abdicación de su padre Juan Carlos. Con su proliferación en manos de grupos opuestos al sistema, la bandera republicana ha llegado a ser uno de los principales mensajes de reacción contra el régimen constitucional de la Monarquía parlamentaria, al que se pretende sustituir por otro del que se presume su respeto a las libertades individuales y colectivas, y en consecuencia su incuestionable pedigree democrático.

Sin embargo, la bandera tricolor (rojo, amarillo y morado) ni ha sido la enseña exclusiva de las dos experiencias republicanas españolas ni es un indiscutible símbolo de libertad. He aquí cómo un mensaje puede llegar a significar no solo lo que no se encuentra en su identidad sino incluso lo que se halla en sus antípodas. Respecto al primer asunto, la bandera tricolor no representa, si atendemos a la precisión histórica, la opción republicana sino solo la experiencia de la Segunda República (1931-1939) porque la Primera (1873-1874) adoptó la bandera rojigualda, que procedía de Carlos III en 1785 y que fue usada por el pueblo en el levantamiento de 1908 contra la invasión de los franceses y por las Cortes de Cádiz.

En cuanto a la consideración de la bandera tricolor como símbolo de libertades públicas, lo más exacto que se puede decir es que se trata de una construcción que no tiene en cuenta la verdadera historia de la Segunda República española, que nació, sí, como resultado de una reacción contra la Monarquía de Alfonso XIII después del grave error de su amparo a la dictadura de Primo de Rivera, pero que derivó en un régimen intolerante que pronto persiguió las libertades más elementales, desmintiendo en la práctica sus proclamados principios fundacionales. La bandera tricolor evoca la Segunda República, no un sistema liberal, eficaz y justo.

La Segunda República se inauguró envuelta en entusiasmo popular y con la esperanza de la recuperación y ensanchamiento de las libertades, pero pronto se evidenciaron carencias y contradicciones. La más clara fue la ley de Defensa de la República promulgada seis meses después, que supuso una rectificación a la inicial declaración de principios (el Estatuto Jurídico) por el establecimiento de un sistema de excepción con rígidos límites al ejercicio de derechos fundamentales. Tal ley fue incorporada a la Constitución aprobada en diciembre de 1931, con lo que ésta quedaba desmentida en su propio texto.

Por lo que se refiere a la libertad de expresión, la Segunda República fue, tras los primeros meses, pródiga en censura y en otros tipos de controles a los periódicos, muchos de los cuales sufrieron suspensiones y cierres. La propaganda monárquica, por ejemplo, estaba perseguida y los gobernadores civiles vigilaban y sancionaban a periodistas y medios. El lector interesado puede consultar mi libro La Prensa en la Segunda República Española. Historia de una libertad frustrada (Debate, 2006), en el que puede comprobar lo que dio de sí el juego del derecho a informar y a expresar las propias opiniones en un sistema que desmentía con los hechos lo que prometía con las palabras.

Los acontecimientos de la experiencia republicana española están demostrados por una historiografía extensa, no son una ficción. Pero su conocimiento no es, o no quiere ser, muy preciso en algunas gentes que, por el contrario, mantienen una versión idílica pero irreal de la Segunda República. Posiblemente muchos de los que levantan en alto la bandera tricolor desconocen lo que verdaderamente ocurrió mientras era la oficial del Estado. Pero, en todo caso, combaten a un régimen como el actual que, en defensa y respeto de los derechos fundamentales de las personas, en libertad, justicia, pluralismo y solidaridad, o sea, en calidad democrática, supera con creces, copiosamente, a lo que fue aquel otro régimen que ellos defienden. Cuando envían un mensaje contra el sistema enarbolando esa bandera, ponen en circulación otro mensaje sobre ellos mismos, pues su concepto de la democracia –aun con la atenuante de la ignorancia histórica, no siempre totalmente aceptable- queda nítidamente retratado.