La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Imparcialidad, cuánto te añoran

Dos aprietos de la nueva casta política han puesto a prueba la imparcialidad de la tribu periodística. Se ha hablado de ellos estos días mucho pero no siempre bien. He ahí la causa de este post. Los bretes los han sufrido dos concejales recién llegados al Ayuntamiento de Madrid, uno, Guillermo Zapata, como autor de unos tuits xenófobos y contra las víctimas del terrorismo (El Mundo, 16/06/2015), y otra, Rita Maestre, como imputada por el asalto a una capilla católica de la Universidad Complutense y para quien el fiscal pide un año de prisión por un delito contra los derechos fundamentales (El Mundo, 15/06/2015) 

Inmediatamente, en sintonía con el nuevo clima de exigencia a los políticos, se multiplicaron las peticiones de dimisión a quienes, como los afectados, habían participado en establecer la muerte política como sanción fulminante para quien se pasara de la raya aunque fuera unos milímetros. Pero Zapata, en vez de resignar su puesto en el Ayuntamiento, entregó sólo su encomienda de concejal de Cultura y continuó con otro encargo como concejal de un distrito. Su dimisión fue un nuevo tipo de renuncia, la dimisión ficticia, que ni él ni su grupo populista aceptarían en un político de los que tanto han desdeñado para dedicarse ellos precisamente a la política.

La reacción de Rita Maestre fue distinta a la de Zapata pero de consecuencias similares. La joven activista de Podemos, imputada en espera de juicio y de la que ahora se ha sabido también que participó en el escrache para impedir hablar en la Universidad Complutense a la política Rosa Díez, optó simplemente por decir más o menos que lo que hizo entonces entrando en la capilla durante un oficio religioso no tuvo importancia, mirar luego para otro lado, ahorrarse la dimisión y continuar en su puesto de portavoz del Ayuntamiento de Madrid como si nada hubiera pasado.

La reacción humana de ambos es explicable si recordamos antecedentes de políticos pegados a una poltrona, pero es inaceptable si tenemos presentes las protestas de políticos de su cuerda ante casos similares ni el nivel de exigencia establecido en los últimos años por la clase política gobernante, que en este aspecto ha dado un paso al frente para luchar contra la corrupción. No obstante, lo que más interés suscita en este rincón, dedicado a la comunicación y a su uso, es la reacción mediática a estos escándalos (palabra tan periodística, tan política y tan usada), que ha sido de exigencia a los protagonistas pillados en falso… y también de condescendencia y de disculpa.

Si escandalosos (y no se escandalicen los indulgentes con la palabra, que no hay razón) han sido los aprietos de la nueva casta política, escandalosas son las dimisiones profesionales (éstas sí las ha habido) a la hora de medir por el mismo rasero a unos y a otros: profesionales que, por ejemplo, aceptan que un político (Zapata) dimita de un cargo como consecuencia del escándalo y acepte de inmediato otro cargo, y que una política (Mestre) siga en su puesto en vísperas de juicio. Hay quien los ha disculpado un minuto antes de archivarlos en el olvido, y en cierto modo han logrado que la atención mediática sobre ellos haya decaído, mientras se encargan de recordar de cuando en cuando palabras o episodios de políticos que ya dimitieron por ellos.

Confieso que yo no había dado tanta importancia a esta doble vara de medir, posiblemente por haberme malacostumbrado a verla, pero los comentarios de varias personas distintas prueban que la lenidad de algunos, o de muchos, no pasa inadvertida. Ni deja de causar indignación. En realidad, lo que la gente advierte es que la imparcialidad, de la que tanto se presume, deja mucho que desear. Junto a la amplia cuota de exposición que han obtenido los líderes de Podemos en televisiones generalistas como Cuatro y La sexta, mucho mayor que la de dirigentes de otros partidos, despunta ahora la benignidad con ellos de comunicadores y periodistas que despliegan tanta energía para otras exigencias. Imparcialidad, cuánto te añoran desde el otro lado de la escena.