La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Etiquetas para despistar

Leo en El Mundo que Amando de Miguel tacha de fascista a Podemos, el partido encabezado por Pablo Iglesias, que irrumpió en la vida política con una descomunal fuerza demoscópica y que va desaguando intención de voto a medida que la gente va conociéndolo. Amando es un inteligente profesional además de un trabajador empedernido. Lo que ha hecho ha sido certificar que los extremos se unen, que leninismo y fascismo son dos versiones del totalitarismo y que coinciden en someter al individuo. Atiendan a su explicación: “Podemos es un partido no democrático, digan lo que digan. Es un partido totalitario. Ellos dicen que son leninistas. Yo no veo leninismo por ningún lado. Es un partido más bien fascista”. (La entrevista completa, aquí

En la vida política española los partidos siguen jugando al despiste de las etiquetas. Esto no pasa en otros países de tradición democrática, donde la identidad de cada uno está bien catalogada. Nadie duda en Estados Unidos que los partidos Republicano y Demócrata se sitúan a la derecha y a la izquierda con programas moderados, porque ellos no tratan de ponerse en otro lugar. Lo mismo ocurre en Inglaterra con los conservadores y los laboristas, en Alemania con los democristianos y los socialdemócratas. Aquí en España el abanico político está descompensado, con aglomeraciones en la izquierda y soledad en la derecha. Por un extraño impulso, quizá de raíz histórica tras una feroz guerra entre “rojos” y “fascistas” y cuarenta años de una dictadura de derechas, la izquierda goza de un plus de reconocimiento mientras que la derecha es poco menos que sospechosa. Así que los partidos se arriman al territorio de la izquierda, como también los ciudadanos, que parecen temer que los encuestadores los cataloguen en la derecha.

Y resulta que tenemos un partido de derechas (el PP) que dice que es de centro, un partido de centro (Ciudadanos) que dice que es socialdemócrata y un partido socialdemócrata (PSOE) que bebe los vientos por ser considerado más de izquierdas. Y como en compensación, Podemos se define como socialdemócrata para huir del páramo de la extrema izquierda, adonde la han llevado sus conexiones con el chavismo venezolano y su radicalismo de manual descolorido por el tiempo, un radicalismo que entronca con el fascismo, según interpreta Amando.

Los partidos nacionales parlamentarios que menos hacen por dorar la píldora a los votantes son UPyD, que parece cómodo en el centro izquierda, y la coalición Izquierda Unida, que no desfigura el primer término de su nombre aunque exagere un tanto con el segundo. Entre los extraparlamentarios, Vox, una escisión del PP, no tiene complejo en definirse de derechas, como otros grupos también pequeños y de difícil entrada en el Congreso. Les perjudica el enorme espacio que ocupa el PP, el partido más numeroso en militantes y por ahora en votos, que va desde la derecha hasta el centro.

No sé si tendrá mucho efecto la manía de querer despistar con las etiquetas. Sospecho que alguno. Pero me parece que poco a poco los ciudadanos perciben el engaño. ¿Qué pasaría si el PP se presentara como un gran partido de derechas sin complejos, con un ala más conservadora y otra más liberal y centrista? A lo mejor se llevaba la sorpresa de controlar mejor a su masa de votantes. ¿Qué pasaría si el PSOE se definiera –y se comportara- como un partido de izquierda moderada con un ala conservadora y otra lindando con la izquierda radical? Pues posiblemente recuperaría espacios que ganó con Felipe González y después perdió. Ciudadanos tendría que reconocerse como un partido reformista moderado y Podemos, como un proyecto que quiere levantar sobre la democracia de 1978 un sistema autoritarismo. Por eso Amando lo define como no democrático y totalitario. Pero Podemos nunca dirá lo que es y vestirá distintas pieles de cordero. Las encuestas dicen que los ciudadanos lo van calando (véase la última nacional): . En su caso, el resultado de la operación de despistar al electorado con las etiquetas parece que se va agotando.