La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: España pasa el examen pero necesita mejorar

Si nos fijamos en las informaciones y opiniones que sirven los medios de comunicación, en los comentarios que se cruzan en las tertulias de radio y televisión y en las cuantiosas manifestaciones que se celebran cada día, podemos esbozar dos conclusiones: el nivel de la corrupción política en España es muy alto y la información y la opinión que circulan sobre ese problema es muy abundante. Otra cosa es que todas las informaciones sean cabalmente ciertas y que todas las opiniones –en los medios o en la calle- exhiban el suficiente criterio que las fundamente, asuntos no menores que al final robustecen o deterioran el sistema, del que la institución de la libertad de expresión forma parte sustancial.

Sobre el grado de corrupción disponemos de algunos rankings, el más fiable de los cuales lo ofrece Transparencia Internacional, organización no gubernamental que lucha contra esta lacra con la información. El último situaba a España en el puesto 30 de entre 174 países, una posición inferior a lo que es su peso real entre las principales naciones del mundo. Otras informaciones de esta ONG, que están al alcance de todos, ratifican el largo camino que nos queda por recorrer para alcanzar un nivel respetable.

Ahora llegan dos nuevos y diferentes índices con información recién elaborada, de Freedom House y de Reporteros sin Fronteras. Ambas organizaciones mantienen a España entre los países con un alto grado de libertad política pero queda de nuevo en evidencia que nuestro país necesita mejorar. La organización estadounidense  divide a los países en tres grupos -libres, parcialmente libres y no libres- y mantiene lógicamente a España en el primero, del que forman parte 90 de los 195 analizados, el 46 %, cuya población conjunta representa algo menos, el 43 %, porcentajes equivalentes a los del año pasado (ver el post de 7 de mayo de 2012), que demuestran el estancamiento de la progresión de la libertad política. En este panorama, nuestro país aparece con la calificación más positiva en derechos políticos y libertades civiles, pero aún no se ha determinado su lugar exacto que, como en el ranking del año anterior, no estará entre los primeros.

Freedom House no ha publicado aún con estos datos su informe sobre la Libertad de Expresión; habrá que esperar para conocer si incluye alguna novedad. Reporteros sin Fronteras,  sí ha mostrado una valoración ligeramente más positiva para España, que ha subido tres puestos en su índice de la libertad de expresión, en el que ocupa el 36 de 179 países con una nota de 20,5 puntos (de 0, la mejor, a 100), por detrás de Finlandia (líder con 6,38), Holanda (6,48), Dinamarca (7,08), Alemania (10,24), Costa Rica (12,08), Canadá (16,29), Portugal (16,75), Reino Unido (16,89) y Estados Unidos (18,22), y por delante de Francia (21,6), Italia (26,11), Chile (26, 24), hasta llegar a Eritrea (en último lugar, con 84,83).

La causa de que España no alcance una posición mejor no ha sido facilitada aún, pero en años anteriores la principal era la presión de ETA sobre periodistas y medios. Es lógico suponer que la existencia de ETA sigue siendo valorada por estas dos organizaciones como un grave obstáculo al ejercicio de la libertad informativa y de expresión. ETA anunció una tregua, pero sigue conservando las armas y sus agentes políticos siguen presionando y amenazando a periodistas (ver el post de 9 de abril de 2012).

A nivel mundial, Freedom House ofrece el dato negativo de que la libertad no ha ganado espacio apreciable, pese a las revoluciones populares contra las dictaduras árabes. Mientras la libertad sigue estando bien protegida en Europa, algunas inhibiciones y algunos retrocesos han compensado las magras conquistas alcanzadas. “Los países de la Unión Europea –dice- han capeado la crisis económica más grave de la posguerra sin que se haya producido un debilitamiento de su alto respeto a las normas democráticas y las libertades civiles” pero echa en cara a “las principales democracias” que se desentiendan en cierto modo de apoyar más decididamente la “resistencia popular sin precedentes contra la opresión en todo el mundo”.

Lo tres episodios más notables del año son, en el plano positivo, los logros registrado en Libia en el camino de su conquista de la libertad y, en el negativo, la caída de Mali desde país “libre” a “no libre” tras el golpe militar y el retroceso experimentado por Rusia, con represión y desprecio a los valores de las sociedades abiertas, desde el regreso de Vladimir Putin al poder. En cuanto a China, la gran dictadura política que permite fórmulas de economía de mercado, se afirma de manera bien expresiva que “nadie debe esperar que cambie de repente”.

En cuanto a España, próximamente el Observatorio de la Libertad de Expresión, de la Fundación Ciudadanía y Valores, difundirá un amplio y detallado informe que en estos días redacta un grupo de expertos.