La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: ¿Es delito criticar a los árbitros?

El entrenador del Manchester City, Manuel Pellegrini, ha sido sancionado por la UEFA con tres partidos de suspensión por criticar al árbitro Jonas Eriksson, que actuó en el encuentro entre su equipo y el FC Barcelona . “El árbitro decidió desde el primer momento –declaró Pellegrini-. En el penalti hay falta previa a Navas (jugador de su equipo) que no se pitó. El árbitro no fue imparcial. No fue penalti (el que el árbitro señaló contra su equipo) porque fue fuera del área. No nos crearon ocasiones de gol y el árbitro decidió el partido a su gusto”. Y añadió: “Se equivocó a favor de los azulgrana y me dio una sensación de poca imparcialidad desde el principio del partido” (que su equipo perdió 0-2 en su estadio).

El comentario del técnico chileno es severo, no cabe duda. Atribuye al árbitro dos errores graves (no sancionar una falta previa a la jugada del penalti que no existió) y valora su trabajo como falto de imparcialidad. Pero su severidad no es gratuita pues no dice nada que no afirmaran muchos críticos deportivos tras el encuentro y que no demostraran, en el caso de los dos errores, las imágenes ofrecidas por la televisión. Pellegrini, pues, ejerció su libertad de expresión con todo fundamento y no traspasó los límites a que este derecho está sometido, pues la crítica a cómo un profesional ha desempeñado su trabajo no puede ser estimada por principio como una agresión a su derecho al honor.

¿Por qué, pues, ha sido sancionado de manera grave por el Comité de Control y Disciplina de la UEFA (Union of European Football Associations)? Porque esta organización que controla el desarrollo del fútbol profesional tiene sus propias normas para castigar el comportamiento de sus miembros. Algunas están en perfecta sintonía con la preocupación y las normas internacionales, como las que persiguen el racismo y la xenofobia. Pero otras chocan de manera muy llamativa con otras y, por lo que respecta a este caso, con el derecho a la libertad de expresión, un derecho humano y fundamental que en ocasiones se sitúa por encima de otros derechos también humanos y fundamentales.

La libertad de expresión ampara la crítica a los jueces. Las sentencias son de obligado cumplimiento, pero eso no impide la libertad de valorar su adecuación, su ecuanimidad o cualquier otra circunstancia. El dicho “acato la sentencia pero no la comparto”, no infrecuente en la vida pública, representa la discrepancia con un juez. Pero si se trata de los que actúan en el ámbito deportivo y son denominados árbitros, la discrepancia con sus decisiones entraña serios riesgos para las víctimas que osen manifestarla. Estamos ante una sinrazón: la llamada justicia deportiva, por mantener la autoridad del juez, un principio que no se impone en la justicia ordinaria, lesiona en la práctica el ejercicio de un derecho fundamental.

El Tribunal Constitucional no se ha pronunciado, porque posiblemente nunca se le presentó un recurso ad hoc, sobre un caso similar al que ha convertido en víctima a Pellegrini y ha afectado a otros entrenadores en España. Pero sí resolvió sobre una sanción que recibió un futbolista por criticar a su club. En 1992, Manuel Ruiz Hierro, conocido como Manolo Hierro, fue castigado con 750.000 pesetas (unos 4.500 €) por el Club Deportivo Tenerife tras unas declaraciones sobre su contrato y sus relaciones con algunos directivos. Pues bien, el Tribunal falló a su favor por no haber excedido “los límites” de la libertad de expresión” y, en cambio, haber “vulnerado” el club su derecho a ejercerla (STC 6/1995, de 10 de enero).

Es lógico pensar que muchos futbolistas y entrenadores recibirían el espaldarazo del Tribunal Constitucional si ejercieran con frecuencia su derecho a la libertad de expresión. Hay en este supuesto un problema de oportunidad insalvable: un deportista (salvo algunos entrenadores) tiene una vida profesional muy breve y un conflicto con su club puede truncársela o al menos afectarla seriamente mientras la cadena de los tribunales y al final el Constitucional se toman años para solventarlo. Los tribunales no son solución inmediata para un conflicto de este tipo (salvo el efecto que pueda causar la jurisprudencia poco a poco establecida) por lo que acaba imperando el reglamento particular sobre la ley general.

Estamos pues ante un despropósito. Criticar a los árbitros no es delito, ni falta, salvo que se salten algunos límites y la crítica se convierta en un atentado al derecho fundamental al honor. Como tampoco lo es la crítica fundamentada a los jueces o a cualquier profesional. Pero en especial en el caso del futbol, que es lo que nos ocupa, la crítica a los árbitros se conceptúa en la práctica como un delito. Un juez no condenaría a Pellegrini, pero los caciques del futbol, sí. Y le obligan además a cumplir de inmediato la sanción y a callar incluso sobre ella bajo la amenaza de ser condenado de nuevo.