La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Crónica de una usurpación

Un colega me preguntó hace días sobre los mensajes que yo estaba difundiendo por algunas redes sociales.

– Difícil que hayas visto mensajes míos porque yo no estoy en esos sitios.

– ¿No? Pues mira esto:

Y me enseñó en la pantalla de su ipad mi fotografía, mi nombre y los comunicados, vídeos y otros rollos que yo estaba enviando por internet a un grupo numeroso de gente en el que había políticos y otros colegas del periodismo y de la universidad.

Pero no era yo, a pesar de mi foto y mi nombre, sino alguien que se aprovechaba de mi identidad para difundir con reiteración, entre otras cosas que desconozco, un vídeo grabado subrepticiamente con el propósito aparente de agredir a un determinado político a quien me referiré después.

De esta manera descubrí que mi identidad era usurpada en Twitter y en Facebook desde hace meses, sin que yo tuviera posibilidades de enterarme y mientras algunos destinatarios de “mis” mensajes debían de estar sorprendidos por lo que recibían y por “mi” insistencia en enviárselo.

Afectado por el estupor de verme apresado por un sujeto incógnito que urdía con mi identidad lo que le venía en gana, hice una consulta en la Policía y me aconsejaron la presentación urgente de una denuncia para que pudieran actuar contra la suplantación que se estaba produciendo.

La suplantación o usurpación de identidad en internet –me informaron- es fácil de realizar pero al mismo tiempo, y a pesar de que puede llegar a ser un delito flagrante del Código Penal, difícil de atajar por las especiales características de la red, en la que podemos estar viendo webs radicadas fuera de nuestras fronteras o con responsables ignotos.

Denuncié en la Guardia Civil y luego en las redes (por medio de amigos con acceso a ellas que avisaron de la usurpación) y Facebook cerró el espacio del impostor, pero sigue estando activo en Twitter donde mantiene cinco cuentas falsas, cinco, bajo mi nombre. En Twitter lo he denunciado yo mismo también mediante un formulario que ponen a disposición de quienes no tienen cuenta allí, pero hasta el momento en que escribo no han neutralizado al usurpador.

Esto es asombroso. No reaccionan ante un requerimiento, de modo que el simulador puede persistir en su mentira. Ni han tomado las mínimas precauciones al principio. Le han dejado empezar a actuar sin comprobar sus credenciales. ¿Puede cualquiera en Twitter hacerse pasar por otro y prolongar sin problemas su fechoría? A la vista está.

El ciudadano está indefenso ante una agresión por internet si los responsables de la web no proceden justamente. Queda el recurso a la Justicia, pero la red marcha a velocidad supersónica mientras los instrumentos y las instituciones de defensa avanzan a un ritmo pausado que los impide actuar en el momento, aunque al final exigirá responsabilidades. Mientras tanto, ¿qué se puede hacer para que Twitter reaccione?

La persona afectada por los vídeos circulados por el impostor es Antonio Miguel Carmona, diputado socialista de la Asamblea de Madrid, con quien ya he aclarado el embrollo. Hace un tiempo, en junio pasado, publiqué en este blog una crítica a unas palabras de Carmona , que participa en varias tertulias televisadas. El usurpador debió de tomar pie de ese comentario para usarme como ariete contra el diputado, pero se equivoca de medio a medio, pues mi intención no era ni es ofenderle como hace el ladrón de la red sino argumentar una discrepancia como hace la gente civilizada. Al propio Carmona le he expuesto que mantengo mi comentario y él lo entiende. Aunque lo discuta, cosa que yo también entiendo.

De esta historia queda por conocer el final: el nombre del suplantador. Tengo mis sospechas. Pronto se confirmarán.