La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Como si fuera un referéndum de verdad

Había yo sintonizado una emisora de televisión nacional para ver cómo iba el montaje de Cataluña y de pronto sentí que me estaban informando de un acontecimiento político serio, como si fuera por ejemplo el referéndum de Escocia, legal y convenido. Que si los colegios se abrieron a tal hora, que si había tantas urnas emplazadas, que habían votado no sé cuántos, que si Jordi Pujol (aquí lo de Escocia ya no cuadraba) sonreía mientras iba a depositar la papeleta, que si Pep Guardiola había viajado desde Munich y estaba muy contento, que si Artur Mas se declaraba autor con cara de solemnidad.

¿Se habrán enterado éstos –pensaba yo- de que la votación de Cataluña es una mascarada antidemocrática sin una sola de las garantías que se exigen para un acto clave del sistema político que mejor defiende la libertad y la autonomía indivuales y que, sin tales garantías, se convierte en una agresión para quienes no están en el juego ni quieren colaborar con él? En el momento justo en que había decidido cambiar de canal para ver si en otra televisión me decían la verdad, los locutores empezaban a ocuparse de los críticos a la parodia y a recordar que con la intervención del Tribunal Constitucional esa representación había quedado sancionada como ilegal.

Pero ya la confusión estaba servida porque la otra parte de la noticia llegaba tarde. ¿Cuántos televidentes habrían desconectado tras los dos o tres minutos de aquella información… por decirlo de alguna manera? No hablo de confusión solo por lo que yo sentí; otras personas que me acompañaban se sorprendían también por encontrar un tratamiento informativo adecuado para un acto político legal cuando se trataba precisamente de todo lo contrario, una burla de la ley constitucional. Los autores del disparate antidemocrático podían sentirse satisfechos, porque esa televisión estaba complaciéndoles en su simulación. Ni que fuera un noticiario de la TV3 bajo la sujeción de la Generalitat.

No todas las televisiones han actuado con la misma equivocada cortesía porque han informado con claridad, pero me parece relevante el servicio que ha hecho la televisión que yo vi a los autores del falso referéndum. La información veraz consiste en relatar los hechos e identificarlos con precisión. Una cosa es votar en una convocatoria legal con todas las garantías y otra hacerlo en una convocatoria ilegal sin una sola garantía. Informar de ello consiste en calificar adecuadamente de ilegal lo que es ilegal y no dejarlo para el último momento, y decir que ese espectáculo es un reto al estado democrático que, si se permite, lo debilita, y que los autores de la mascarada son unos antidemócratas que no sólo no cumplen la ley sino que quieren romperla.

Decir esto no es hacer un editorial ni expresar una opinión, sino exponer hechos comprobados, que es lo que hacía la prensa ayer. “La Fiscalía toma cartas en el 9-N”, titulaba El Mundo. “Cataluña celebra un 9-N inútil para definir su encaje en España”, decía El País. “9-N, desafío al Estado de Derecho en Cataluña”, exponía ABC. Obviar la trampa de la consulta y aludir a la normalidad de su desarrollo no es exactamente informar sino confundir.