La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: Autocensura tras el masivo espionaje

Corre por internet un chiste sobre el espionaje masivo realizado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, en el que un niño le confiesa a Barack Obama: “Mi papá dice que tú nos espías”; a lo que el propio Obama replica: “Él no es tu papá”. Si el responsable de la gigantesca operación de vigilancia tecnológica denunciada por el ex agente Edward Snowden hubiera sido George Bush, en vez de chistes habría feroces acusaciones y manifestaciones continuas en las calles por la invasión ilegítima de la intimidad de millones de personas en distintas partes del mundo. Este chiste, en todo caso, demuestra que en ese inmenso patio de vecindad que es internet se tiene constancia del continuado abuso cometido.

Pero no se tiene, con toda seguridad, idea del desastroso efecto que ha causado no solo sobre el derecho humano a la intimidad, un derecho achicado por la invasión constante de las comunicaciones personales, sino también sobre el ejercicio del derecho a la información y a la libertad de expresión, afectado por la prudencia, cuando no por el miedo, con que muchos profesionales manejan ahora sus trabajos, especialmente en cuestiones que más llaman la atención de los servicios de inteligencia. Una encuesta realizada por el centro en Estados Unidos del Pen Club con el grupo de estudios de opinión pública FDR a más de 520 escritores ofrece unos datos reveladores de ese efecto perturbador.

La mayoría de los escritores consultados están “abrumadoramente preocupados” por las medidas de vigilancia y muchos de ellos confiesan que el resultado es que se ven practicando la autocensura. Los síntomas de la autocensura se evidencian en datos como éstos: el 28 % de los encuestados ha reducido o evitado participar en las redes sociales y otro 12 % está considerando hacer lo mismo. El 24 % evita tratar ciertos temas por teléfono o en el correo electrónico y otro 9 % piensa que debe hacerlo. El 16 % rehúsa escribir o hablar sobre ciertos temas y otro 11 % considera hacerlo también.

La autocensura es una reacción personal ante el peligro que la información o la opinión propias puedan deparar a su autor. Es una actitud general en sistemas autoritarios que persiguen la libre comunicación y se da también en sistemas abiertos ante controles políticos más o menos imprevistos y eventuales, como el que se ha desarrollado desde Estados Unidos en el curso de la lucha contra el terrorismo, y que ha sido conocido por la revelación inesperada de un agente de la inteligencia. La autocensura produce consecuencias similares a la censura y no es compatible con el sistema de libertades.

Cabría entender que el espionaje masivo es una maniobra circunstancial de la democracia ante la amenaza del terrorismo. Pero no conocemos su duración ni su dimensión exacta. El informe del Pen Club afirma algo tan razonable como que el impacto del espionaje sobre la libre circulación de la información “debería preocuparnos a todos”, porque “se resiente el conocimiento de los asuntos públicos”. Y acaba preguntándose: “¿Qué información importante y qué perspectivas vamos a perder? ¿Cuáles hemos perdido ya?”. Posiblemente muchas, lo cual es una lesión colectiva porque la información es un valor social de primera magnitud, imprescindible para la formación de una opinión pública libre.

Pero no existen indicios de que la situación se va a reponer, ni siquiera hay la seguridad de que vaya a concluir el espionaje masivo o de que se vaya a realizar con las garantías jurídicas que exigen el derecho a la información y el derecho a la intimidad personal. Malos tiempos en que valores fundamentales se deterioran y la indignación queda reducida a la que pueda haber en unos chistes circulados por internet…