La Libertad más frágil

Libertad de expresión, libertad de Prensa, libertad de imprenta y, desde 1948, derecho a la información son términos que expresan una de las aspiraciones más vitales del ser humano. La libertad de hablar, escribir y difundir por cualquier medio es un valor básico sin el cual no es posible organizar una sociedad justa, y exige el respeto correspondiente de todos los ciudadanos, desde el primero al último, a tal tesoro individual y social.

- Justino Sinova -

BLOG: ¡Albricias, se sanciona la agresión al himno nacional! Pero…

Lo mejor de las multas propuestas por la Comisión Antiviolencia del deporte es que por fin se sancionan los pitos contra el himno nacional proferidos en la final de la Copa del Rey de fútbol. Con muchísimo retraso, porque el día de autos fue hace casi dos meses, pero por fin se impone una sanción a una ofensa. Con importes mínimos para las millonadas que se mueven en el negocio del fútbol, pero alegrémonos por el rasgo de sentido común que entraña exigir responsabilidades a los causantes de un agravio. Acompáñenme, lectores, en este ejercicio de buena voluntad y de optimismo porque antes no se nos había permitido ver lo que vemos: que se pasa factura a los autores de una agresión contra quienes se ven representados por el himno nacional de España.

Sí, hagamos ese esfuerzo para esperar que se vaya a imponer respeto, porque si miramos con lupa la decisión de Antiviolencia vemos flotar el apocamiento político que ha caracterizado tradicionalmente la respuesta del Estado a la habitual jactancia nacionalista. El fallo es descorazonador no solo por su retraso y su lenidad, ya señalados, sino también por la simbólica exigencia a los dos clubes, Barcelona y Athletic de Bilbao, que no pidieron a sus aficiones el respeto debido a los símbolos del Estado cuando se sabía que estaban dispuestas a propinar una sonora pitada al himno, y de paso al Rey de España, como así sucedió. Los 18.000 euros de multa al Athletic no llegan a representar el 0,03 % de sus gastos y los 6.000 de la multa al Barça son menos de lo que desembolsa de media el club en diez minutos. La “fiesta” les ha salido realmente barata.

Una pitada a un himno nacional no es un asunto de libertad de expresión, en contra de lo que aduce el Fútbol Club Barcelona, porque entra en el capítulo breve pero ineludible de los límites. Como hemos dicho muchas veces no existe un derecho al insulto ni a la ofensa generalizada. Cualquier extralimitación de la libertad de expresión y de la libertad de información debe estar justificada, como ocurre, por ejemplo, cuando se informa y se opina de actos de la intimidad personal significados por su relevancia pública. En ello ha abundado la doctrina del Tribunal Constitucional. Pero una ofensa gratuita a un símbolo identitario de una sociedad no tiene justificación alguna. Pitar el himno nacional es ofender a los que se sienten identificados con él. Lo mismo que pitar y abuchear a la máxima autoridad que representa a un Estado. Piensen los silbadores si tuvieran que soportar idénticas agresiones al himno de su comunidad que tan intocable consideran.

En definitiva, bien está que se haya decidido una sanción, pero la Comisión Antiviolencia, que tan celosamente vigila y sanciona los gritos racistas de un grupo de aficionados en cualquier estadio, grande o pequeño, y ojalá siga haciéndolo, no ha acabado de rematar la faena. Ahora, además, serán las delegaciones de Gobierno las que deberán hacer efectivas las sanciones. Veremos cómo acaba esto, pero sobre todo veremos si causa efecto sobre próximas ocasiones en que los mismos tengan ocasión de manifestar su hostilidad. Quienes esperaban decisiones contundentes, proporcionadas a la dimensión de la ofensa, han tenido que sentirse decepcionados. Estaban con la mosca detrás de la oreja y no han logrado ahuyentar a tan fastidioso insecto.